1. Noche de pasión en Lisboa (VI): Fin de semana en la quinta


    Fecha: 17/06/2021, Categorías: Gays Autor: alfredo1257, Fuente: CuentoRelatos

    ... permiso. Nos nombró a Ana María y a mí madrinas del chucho. El perro oficialmente es suyo, pero adivina quién paga los gastos de veterinario y seguro.
    
    —Paulinha es un cielo de muchacha. Le he cogido mucho cariño durante esta semana.
    
    —Pues tanto ella como Marta también te han integrado a ti dentro de la familia de la quinta. Marta me ha pedido permiso hoy para matar un pato en tu honor y hacer arroz de pato.
    
    —Sí, me lo comentó, pero al final me propuso en lugar de arroz de pato, hacerme un arroz malandro de pato. No lo he comido nunca. Estoy deseando probarlo esta noche.
    
    —La madre que la parió. Esta me la paga. Juro que me la paga.
    
    —¿Por qué? ¿Qué ha hecho la pobre Marta? – pregunto intrigado.
    
    —Tanto Ana María como yo detestamos las salsas hechas con la sangre del animal, como el arroz malandro. Y Marta lo sabe perfectamente.
    
    —No se me alcanza el por qué me lo ha propuesto, entonces.
    
    —Nos está haciendo pagar el haberte hecho dormir el jueves en el sofá del salón – Dice mi amiga enfurruñándose.
    
    —Pues dale un beso asesino. Jaaaaa.
    
    Entramos en Coimbra por el sur, cruzando la ciudad. A la altura del hotel Astoria, giro a la izquierda y cruzando el puente sobre el río Mondego, me dirijo hacia el convento de Santa Clara a Nova y el “Portugal dos pequenitos”. Frente a la entrada de éste hay una larga avenida en la que puedo aparcar el coche con seguridad.
    
    Nos apeamos, y al ver de frente la entrada del “Portugal dos pequenitos”, Amália me comenta ...
    ... que hace muchos años que no lo visita y le apetecería pasearlo en mi compañía. Así que nos dirigimos a la taquilla y solicito dos entradas. Es un parque en el que están representados a escala los monumentos más representativos de Portugal, así como sus casas más típicas y unos pabellones en los que están glosados aspectos representativos de la vida y costumbres de sus colonias.
    
    Paseamos de la mano tranquilamente y mi compañera se está comportando como una adolescente. Cada vez que estamos dentro de algún edificio que pueda ofrecernos alguna intimidad, aprovecha para colgarse de mi cuello y besarme, arrimándose a mí como una quinceañera enamorada. Yo, que no soy muy partidario de mostrar esos sentimientos en público, sin embargo me encuentro muy cómodo y disfruto del paseo. Cuando terminamos la visita es prácticamente la hora de comer.
    
    Salimos y nos dirigimos hacia unos restaurantes que hemos visto en la acera de enfrente, y compartimos un “bacalhau a Lagareiro”, acompañado de una botella de tinto del Douro.
    
    Al terminar de comer, cogemos el coche y subimos a la zona de la Universidad y paseamos toda la tarde como una pareja de enamorados. La verdad, no sé si lo que tenemos entre nosotros es amor, pero ciertamente se le parece bastante. Tengo que hablarlo con Amália a no tardar mucho. Pero necesito tiempo para poner en orden mis sentimientos.
    
    A la hora de volver hacia la quinta, decido tomar la autopista. Este coche me está pidiendo que lo ponga a prueba. En plena ...
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