1. Una fantasía hecha realidad.


    Fecha: 28/06/2021, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Crusnik, Fuente: CuentoRelatos

    Nunca creí en el amor a primera vista hasta que conocí a Margarita: Su cabello castaño, su piel tersa y blanca, sus ojos caramelos, su belleza sin igual. Me propuse a conquistarla, salí con ella, la seguí, la ayudé en todas sus labores, fuimos de viaje y paseo a diferentes lugares, incluso acompañados por sus amigas o miembros de su familia. Sin embargo, nunca pude pasar la “friend zone”. Me le declaré tres veces y en todas me hizo entender que sólo me veía como un amigo y no quiso hacerme daño.
    
    Luego traté de olvidarla y por todos los medios dejé de comunicarme con ella. Hasta que un día recibí una llamada diciéndome que me extrañaba e invitándome a pasar un almuerzo con ella en su nuevo departamento.
    
    Se había mudado con una amiga, sin embargo su amiga se había ido de viaje por varios días, así que la casa era sólo para nosotros. La ayudé a hacer las compras y luego a preparar la comida. Durante la preparación se le escapó que tenía un enamorado.
    
    Lo dijo mientras yo fileteaba el pescado, por lo que me hice un pequeño corte en el dedo y aguantando las lágrimas para no llorar. Cuando se fue a hacer el resto de preparativos no me contuve más y vertí lágrimas sobre la comida mientras hacía la decoración, así como un poco de sangre acompañó la preparación.
    
    Durante el almuerzo traté que no se vea mi turbación, conversando de otra cosa para cambiar el tema. Al terminar de comer sucedió algo insólito: no se podía mover.
    
    Ella se asustó y yo también:
    
    -Yo: ¿Qué ...
    ... tienes?
    
    -Margarita: No sé, no puedo moverme.
    
    -Y: Párate, por favor —así lo hizo, pero su cuerpo seguía sin responderle, masajee sus manos y le pregunté si podía sentirme.
    
    -M: Me dijo que sí.
    
    -Y: Hay que llevarte al médico —y se movió hacia la puerta. —“¡Alto!” grité y ella se detuvo.
    
    En ese momento mi malicia salió. No podía dejar pasar esa oportunidad, estaba demasiado dolido por la noticia.
    
    -Y: Vamos a tu cuarto.
    
    Margarita fue contra su voluntad, pero su cuerpo no le respondía.
    
    -Y: No sé qué ha pasado, pero lo siento no puedo dejar pasar esta oportunidad. ¡Relájate! —y empecé a besar su mejilla y su cuello, acariciándole los hombros.
    
    Lágrimas de impotencia se deslizaron por las mejillas de Margaritas, eran saladas y las lamí, mientras pedía que parara. Esa sensación me excitó más.
    
    - Quiero verte en brasier –le dije. Y se empezó a desnudar: Se quitó la chompa y luego el polo.
    
    - Ahora quítate el pantalón, quiero verte en ropa interior, despacio —agregué. Su cara estaba roja por las lágrimas que salían de ella: lágrimas de frustración y de miedo. Se sacó los zapatos, luego se sacó el pantalón un pie a la vez y se quedó de pie con sólo sus bragas y brasier de color blanco. Sus pechos eran grandes y apetitosos, sus piernas contorneadas y el triángulo de su calzón dejaba ver algunos vellos púbicos fuera de la prisión del algodón.
    
    Me coloqué detrás de ella y empecé a acariciar su cuerpo, mi mano subía y por su cadera y estómago mientras besaba su ...
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