1. Despertando a la putita


    Fecha: 14/07/2021, Categorías: Incesto Autor: princesita9012, Fuente: SexoSinTabues

    (Disculpen los errores es mi primer relato. Prontamente vendrán más) Me llamo Jennifer y desde temprana edad siempre me han gustado las vergas, de todos tamaños y colores, también cargadas de leche y de hombres que sean principalmente brutos y me traten como su perrita. La primera persona que me hizo amar los penes fue mi padrastro. A los seis años mi mami se casó con un hombre alto, un poco gordo, fornido y que era camionero. Luis (mi padrastro) era un hombre simpático y me quería mucho, me daba mil juguetes, ropa bonita, chucherías y nos consentía a mí y mamá. Con el paso del tiempo, luego del matrimonio, mamá comenzó a enfermar y tuvo que dejar de trabajar porque tenía una enfermedad degenerativa. Luis se quedaba con ella, habiendo conseguido llegar a la administración de la empresa de transporte donde trabajaba y trabajar en nuestra ciudad. Aún se seguía comportando como un caballero, pero ahora pasábamos mucho tiempo juntos y me tocaba de maneras muy bonitas. Me tocaba bajo la faldita de la escuela por mis piernas, mis nalguitas y mi rajita, bajo la camiseta en mi pecho, me daba besitos y eso me hacía tener muchas sensaciones deliciosas. Constantemente le pedía más y más, sintiendo cómo ponía algo duro entre mis nalgas y él jadeaba besando mi cuello mientras me tocaba. “Papi, más” suplicaba yo suspirando y él obedecía, moviendo sus caderas hacia adelante hasta que pegaba bien sus caderas a las mías y gemía por lo bajo. Un día cuando cumplí siete años, Luis me llevó de ...
    ... paseo y me compró un hermoso vestido de Cenicienta, zapatitos con tacón a juego y una linda ropa interior que mandó a hacer a medida. Me dijo que como mamá no podía salir a celebrar, lo haríamos los dos en el sótano de la casa. Hizo que me pusiera lo comprado, bajamos y allí había una linda cama matrimonial, chocolate del que me gustaba, agua mineral y unas cremas y pastillas. Me hizo tomar un par de pastillas de un color raro (después supe que era yumbina), me sentó en sus piernas para jugar y esta vez, me quitó las tanguitas y procedió a jugar en mi coñito. Lejos de asustarme, me gustó porque estaba rico y se sentía caliente mi cuerpo. Movía las caderas contra su mano y él se había quitado sus boxers, quedando su tranca entre mis nalguitas que masajeaba y apretujaba. Uno de sus dedos fue dentro de mi cuerpo, a lo que comencé a gemir con fuerza, sintiendo que algo húmedo estaba en mi conchita. “Papi, siento pipí” murmuré mientras el jugaba con mi clítoris y seguía moviendo su dedo en mi rajita. “Es un orgasmo, Jenny. Córrete, mi pequeña zorrita” dijo él con su voz grave, mordiendo mi cuello. Sencillamente grité sacudiendo mi cuerpecito, corriéndome por primera vez en la vida y Luis sonreía fascinado, tocando uno de mis pezoncitos bajo el vestido. Seguido de eso, él me tomó y me recostó a los pies de la cama, abriendo bien mis piernas. Aún no me recuperaba bien del orgasmo y él ya jugaba con mi clítoris. Los gemidos que daba se escuchaban en el sótano, estaba húmeda, sentía ...
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