1. La prima de mi padre, virgen y cuarentona


    Fecha: 14/08/2021, Categorías: Gays Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos

    ... que era mentira, pero yo quería follarla, y le dije:
    
    -Eso está hecho, corazón.
    
    Antes de volver a la cocina, puso el tapón de corcho en el barril, cogió una taza grande de barro que había encima de unos tablones, abrió la billa del barril, la llenó, cerró la billa y se mandó el vino rosado de un trago. La volvió a llenar y me la ofreció. No quise ser menos, la mandé de un viaje. Mi cabeza comenzó a hormiguear y me puse de un contento... ¡Qué contento me puse!
    
    Volvimos a la cocina. Mucha se sentó sobre la mesa. Olía a fresa. Tenía su coño a la altura de mi flácida verga. Me besó y después se echó hacia atrás. Quedó con las rodillas flexionadas y los pies en el borde de la mesa. De pie, al lado de la mesa, la masturbé acariciando su clítoris con tres dedos, lentamente. Le comí y acaricié las tetas, tomándome mi tiempo al lamer, al chupar, al mamar, al magrear... De vez en cuando, Mucha, me cogía la verga y me la meneaba al mismo tiempo que echaba la otra mano a mi nuca y llevaba mi boca a la suya para pegarme unos largos y apasionados morreos... Cuando estaba a punto de correrse, le pregunté:
    
    -¿Quieres correrte otra vez en mi boca, gacelita?
    
    -Quiero que te pongas un condón y me metas tu verga.
    
    No le hice caso. Comencé a comerle el coño. La punta de mi lengua se deslizó suavemente sobre el capuchón de su clítoris durante un par de minutos. El glande asomó tímidamente. Desplacé con dos dedos el capuchón hacia atrás y apareció el glande en todo su esplendor. ...
    ... Medía unos 4 por 4 milímetros. Lo lamí suavemente. Mucha, gemía sin parar... Al rato, se cogió las tetas, las apretó y elevó su culo unos 20 centímetros sobre la mesa. Supe que se iba a correr. Le cogí el culo con las manos, apreté mi lengua contra su clítoris y se lo lamí de abajo arriba con rapidez.
    
    -¡Me corro, Quique, me cooooro!
    
    Fue una corrida larga y dulce, muy dulce, sus gemidos eran como susurros y su cuerpo tiritó como si tuviese frío.
    
    Su mirada, después de haber gozado, era la mirada de una enamorada mirando a su amado. Ahora fue ella la que me aduló a mí.
    
    -Eres mejor amante de lo que decían. Estar contigo es como estar en otro mundo. Me encantó el modo de comérmela.
    
    -Y a mi me encantó que te encantara.
    
    Nos besamos, y entre beso y beso, volvió la curiosa.
    
    -¿Quiénes era el chaval y la hermana?
    
    -No te rindes, cariño.
    
    -Después de lo que hicimos juntos no debería haber secretos entre nosotros.
    
    -Te daré una pista. Su madre es pescantina.
    
    -Sólo hay una... ¡No! Si es preciosa y tiene un cuerpo perfecto, y su hermano... ¡Puuuuf! Ya tengo ganas otra vez. ¿Te la follaste?
    
    -Sí.
    
    -¿Y a la pescantina?
    
    -Sin comentarios.
    
    -¡Cabronazo afortunado!
    
    Le comencé a masturbar de nuevo el coño empapado.
    
    -Cierra los ojos y piensa en él, en ella y en la madre.
    
    Dicho y hecho. Mucha cerró los ojos. Echó otra vez las manos a las tetas y se comenzó a magrear. Diez o doce minutos más tarde de besos y de caricias, su respiración comenzó a acelerarse. ...
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