-
La prima de mi padre, virgen y cuarentona
Fecha: 14/08/2021, Categorías: Gays Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos
... En sus pensamientos... ¿Se la estaría comiendo a la zorrita? ¿Se la estaría comiendo a la pescantina? ¿Se la estaría chupando al mariconcito? ¿Se la estarían comiendo a ella? Le pregunté: -¿Quieres que vuelva a beber de ti, cielo? -¡Si, tigre mío, sí, sí, sí, y mil veces sí! La había engañado, no iba a beber de ella. Le puse la cabeza de la verga en la entrada del ojete y la moví alrededor. Su voz tenía tono dulce, cuando me dijo: -Tramposo. Se la metí hasta la mitad. Veía como su coño se abría y se cerraba. La metí hasta el fondo y le di por culo, le di bien dado. Dos dedos de su mano derecha se posaron en el clítoris. Le quité la mano, se la quité una y otra vez, hasta siete veces se la quité, y cada vez que se la apartaba, su coño soltaba jugo. Al rato largo le saqué la verga del culo y puse la punta en la entrada de su vagina. Se alarmó. -¡Ponte el condón! De un golpe de riñón le metí la cabeza. -¡¡Aaaay!! Mucha, aún era virgen. -¡Me vas a dejar preñada! Ahora iba a ser yo el que pusiera las reglas. -Tranquila, putona, me falta mucho para correrme, pero si quieres te la vuelvo a meter en el culo. La saqué un poquito y cambió de opinión. -Mete un poquitín más a ver qué pasa, abusón. Se la metí un poquito más. -¿Meto más? -Sí, sigue metiendo despacito, muy despacito. -¿Te gusta, zorra? -Sí, me gusta sentirme ...
... llena. Sigue metiendo. Con toda la verga dentro, Mucha, ya no se quejaba, gemía. Me abrazaba y llevaba mi boca a su boca... Casi media hora tardó en estar a punto, y cuando estuvo, la tuve sufriendo diez minutos más... Cada vez que sentía que se iba a correr, paraba de darle caña y si ella se movía para llegar, hacía amago de quitársela. Llegó un momento en que me imploró: -Por favor, haz que me corra, por favor, por favor, por favor, ángel mío, necesito correrme. Como no le hacía caso, me dijo: -¡¡No pares más, hijo de la gran puta, no pares más que me va a dar algo!! La follé sin prisa pero sin pausa, y esta vez, cuando sentí que la mujerona se iba a correr, le seguí dando canela fina. Al sentir que se corría, dijo: -¡Jesús, que corrida, Jesús, que corrida! ¡¡¡Me cooorro!!! Creí que se moría de gusto. Sus sacudidas eran peores que las de la niña del Exorcista. Sus gemidos de loca de manicomio, y sus ojos en blanco decían que estaba fuera de este mundo. Aguanté como pude. Con su último gemido, la saqué y me corrí entre sus tetas. Dos meses le estuve partiendo leña, ayudando en la huerta, pintando su casa, para lo que llevé el último día dos ayudantes, la hija y el hijo de la pescantina... A los dos meses me pagó todo el jornal junto, una flamante moto, era una Montesa king Scorpion de color rojo. Se agradecen los comentarios buenos y malos.