-
CAMPAMENTO – PARTE 8 (FINAL)
Fecha: 15/08/2021, Categorías: Gays Autor: johna.2012, Fuente: SexoSinTabues
... él… hacerlo entrar en razón ―dije entonces, haciendo que ambos se volvieran a verme sorprendidos―. De repente logro convencerlo de dejarte en paz. ―Dudo que puedas, pero vale la pena intentarlo ―dijo Jordán. ―Sí, por favor… trata de hacerlo entrar en razón… has lo que tengas que hacer. ―No pienso dejar que me la meta, Pablo… Sólo iré a hablar con él, nada más. ―Adrián no es tan zorra como tú, por andar así de regalona es que te paso todo esto ―intervino Jordán, aunque no estuve seguro si fue para defenderme o para burlarse de Pablo. ―¡No soy ninguna zorra! ¡Ángel me forzó a tener sexo con los dos! ¡No lo hice queriendo! ―¿Así? ¿Me vas a decir que no lo disfrutaste? No te hagas, poniendo el miedo que sentiste de lado, seguro fue el mejor sexo de tu vida. Pablo se quedó en silencio, sin saber que responder, dejando en evidencia que lo que Jordán decía era verdad. ―Eres una zorra ―le grite, dándole un golpe en el brazo. ―¡Está bien! ¡Está bien!… Sí, me gustó… ¡pero no quiero que todo el mundo lo vea! Jordán y yo soltamos una risa nerviosa, sorprendidos por la divertida reacción de Pablo. ―¿Dónde puedo encontrar a Ángel? ―pregunté entonces a Jordán, volviéndome hacia él. ―Ahora debe estar trabajando en su taller mecánico, te anotaré la dirección ―contestó, sacando un papel de su bolsillo. ―Yo regresaré a mi casa para asegurarme que mis padres no reciban nada ―dijo Pablo poniéndose de pie. ―Está bien ―dijo Jordán, pasándome el papel con la dirección―. Yo iré a hablar con alguien ...
... que tal vez pueda ayudarnos. Les llamo si logro algo con esa persona. ―Muy bien… nos hablamos luego entonces ―concluí. Mientras caminaba rumbo al taller mecánico donde trabajaba Ángel, en mi mente iba practicando lo que iba a decirle, tratando de buscar las palabras correctas para lograr convencerlo. No estaba seguro cual era la mejor forma de persuadirlo… si recurrir a su compasión o amenazarlo con algo… No conocía lo suficiente a Ángel como para poder saber bien cuál sería su reacción a ambas opciones. Para cuando llegué al lugar aún me encontraba indeciso. ―Vaya ―suspiró al verme, dibujando una sonrisa pervertida en su rostro―… no te tomó mucho tiempo venir a verme… ―¿Podemos hablar en privado? ―pregunté, lanzándole una mirada al sujeto que se encontraba a unos metros de nosotros, con la cabeza metida en la parte delantera de un auto. ―Claro ―dijo y me hizo señas para que lo siguiera. Con las piernas temblando por el nerviosismo, lo seguí hasta las oficinas del taller mecánico, una habitación donde sólo había un escritorio pequeño con una computadora bastante antigua. ―¿Entonces? ―dijo, cerrando la puerta detrás de él―… viniste a entregarme ese culito rico que tienes… ―Vine a tratar de hacerte entrar en razón ―contesté, con la voz temblorosa. ―¿Entrar en razón? Lo único que me puede convencer de no hacer público ese video es que me dejes metértela… Desde ese día en el campamento no he podido dejar de pensar en esas nalgas ricas… ¡y tienen que ser mías! ―Eso nunca pasará ...