1. Sexo con mi ahijada. Como hacerse fama y cogerme a sus amigas


    Fecha: 18/08/2021, Categorías: Incesto Autor: Nazareno Cruz, Fuente: CuentoRelatos

    ... un grito, mezcla de dolor y sorpresa.
    
    —¡Ah, ah! —Los ojos como platos, por la brusca sorpresa y la boca llena de puteadas.
    
    Nos miramos, sin sacársela, ni ganas de hacerlo, me gustaba la sorpresa de hacer ese buen culo. Entendió fácil y rápido que no pensaba salirme, pidió menos brusco, más suave.
    
    —¡Porfa! Despacio, suave porfa…
    
    Accedía a todo lo que me pidiera con tal de no salirme de la vaina rectal, aguanta en silencio, acalla las embestidas mordiéndose el labio inferior y clavando sus uñas en mi espalda, que por suerte me protege la ropa. Intento seguir por más tiempo, pero me lo impide:
    
    —Si sacas no me la metes más. ¡Dale despacio!, ¡seguí bombeando no pares!
    
    Acompañaba la entrada por el orto con el frotamiento del clítoris para distraerla, volvió al nivel de excitación y así pude seguir dándole por el culo. Tanto se fue calentando la guacha que con la ayuda del frotamiento de clítoris también pudo acceder al necesario orgasmo.
    
    Bufa en ruidoso orgasmo, después del suyo, era mi turno. Me largué a fondo y la leche fue bálsamo caliente para el culo dolorido y rastros de un pequeño desgarro porque la poronga salía con un color rosado.
    
    Quedé en que pasaría por su casa, el domingo, para conocer la sobrinita y llevar algún croissant para el desayuno. Como boy scout, “siempre listo” en el tiempo acordado para cumplir la promesa de “conocer íntimamente a la sobrinita”.
    
    —Jefecito, ¿qué te parece Marina, mi sobrina?
    
    —¡Está bueeena! —Me salió ...
    ... gracioso y natural.
    
    Marina trajo café, Elisa la presenta y le ordena:
    
    —Una vueltita para que el señor te pueda mirar todita.
    
    —¡Está re-re-buena!
    
    —¿De verdad, jefecito? —No me engaña, haciendo conejito con la naricita. – Me vas a hacer “entrar” … en el hospital?
    
    —El jefecito te puede hacer entrar, si… lo dejas “entrar…” —¿En dónde jefecito?... Decía Elisa a Marina, un guiño de ojos compartido y una sonrisa.
    
    —¡Ven y me explicas! —Marina me toma de la mano, me conduce a su cuarto, le sigo el juego a ver hasta dónde llegamos con este juego tan cachondo.
    
    Me sentó sobre la cama y comenzó el espectáculo, un desnudo total para mí, falda, blusa, y nada debajo… El papo juvenil cubierto por vello trigueño, de aspecto aniñado, me amenazó con sus tetas, una en cada mano, ofrenda de buena voluntad para un maduro ansioso.
    
    Me puso en bolas, acarició el miembro, mamar parecía ser una de sus mejores cualidades, casi me hace acabar, siente las vibraciones previas, aprieta con intensidad en la base del pene para contener los impulsos, entonces me pide que no le acabe en la boca.
    
    Se tiende sobre la cama, piernas flexionadas y colgando fuera del lecho, me llama:
    
    —¡Vení, entrá! ¡Tengo ganas! ¡Estoy ardiendo! ¡Cogeme!!!
    
    Entré en el terciopelo vaginal, ajustado trayecto, hasta el fondo. Había resultado buena cogedora, sabía y podía manejar los labios vaginales como lo hacía con los labios al mamarme, una consumada experta. Cambiamos, ella quiere arriba para expresarse en ...
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