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Concierto en el Hard Rock
Fecha: 18/07/2017, Categorías: Grandes Relatos, Autor: José Aguilera, Fuente: CuentoRelatos
Ella, mi esposa, iba ataviada con un vestido de color rosa mexicano que le llegaba un poco arriba de las rodillas; ella es en realidad hermosa: delgada y de fino cuerpo, bonitas piernas y unas exquisitas pompis que son la envidia de todas sus compañeras y tentación de sus compañeros en la empresa que trabaja; bien, estábamos en el Hard Rock de Vallarta presenciando el concierto de una banda en vivo, el cual no estuvo a la altura de lo que queríamos, así que nos dispusimos a irnos, cuando ella tuvo que ir al baño y levantándose se retiró, percatándome de cómo las miradas de los hombres presentes la miraban al pasar al cotonear su cuerpo, sin ninguna arruga o línea que marcara su vestido ya que yo, antes de llegar, le había pedido sus bragas y que ahora guardaba en la bolsa de mi camisa. Ya de regreso, no subimos al auto que rentamos en la mañana para ir a la playa, el cual era un Sentra de color blanco, y como no estuvimos muy satisfechos con el concierto, buscamos un lugar solitario y a la vez público para tener nuestro propio “show”. A estas alturas mi esposa estaba, como ella dice, “Horny, very Horny”, ya que, en la playa, no muy concurrida a la que fuimos en la tarde, estrenó por primera vez una tanga, lo cual a mí me excitó sobremanera y a ella le gusta ponerme así, por lo que ella estaba deseosa de llegar más lejos. Así las cosas, encontramos un pequeño callejón a un costado del hotel Sheraton Bungavillias y el cual conduce hasta el mar; nos estacionamos a un ...
... costado a la sombra de las paredes y ahí empezamos a hacer el amor: recorrimos nuestros asientos para quedar en una posición horizontal, pasándome al suyo, y ella, levantándose el vestido, me pidió que la penetrara; el auto se mecía con nuestros movimientos y los vidrios empezaron a empañarse, cuando me separé de ella para no venirme, ya que estaba tan excitado que me hubiera venido muy pronto para satisfacerla. En eso le dije que era una lástima que no tuviéramos a la mano un dildo para verla penetrada por él, ya que a mí me gusta verla con juguetes sexuales y yo sé que a ella le encanta sentirlos dentro de ella (de hecho, el último juguete que tenemos es un cilindro de color verde de 18 centímetros y que le gusta dormir con el dentro de ella, lo cual me excita horrores). Precisamente, tal instrumento estaba en nuestro cuarto de hotel, por lo que no podíamos hacer nada, pero era tal nuestra calentura que empezamos a ver que teníamos a nuestro alrededor, y ahí estaba, la palanca de velocidades del Sentra. Claro que cuando se lo sugerí, hizo cara de que, si estaba loco, pero sus ojos reflejaban la excitación que le producía; yo le insistí, pero la falta de preservativo para ponérselo y evitar alguna infección la detenía, pero eso fue por poco tiempo, ya que nuestra excitación nos hacía intentarlo todo. Poco a poco se fue acomodando, abriendo las piernas poniéndolas sobre ambos asientos y poco a poco descendió sobre la palanca, la cual, por tener una punta ancha, no entraba ...