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Concierto en el Hard Rock
Fecha: 18/07/2017, Categorías: Grandes Relatos, Autor: José Aguilera, Fuente: CuentoRelatos
... dentro de su vagina. Ella misma me decía que estaba muy grande, pero siguió intentándolo, remojando con sus propios jugos la parte superior… hasta que, por fin, la penetró. Hasta ella misma estaba sorprendida de como entró, me dijo que estaba muy rica el sentir eso tan enorme dentro de ella, que le provocaba gran placer y yo lo veía, viendo como subía y bajaba por la palanca, mientras yo estaba con una erección bastante pronunciada, tanto que mis propios jugos lubricantes salían sin darme cuenta de ello. Yo le preguntaba que cuando sentía más placer y me decía que cuando la punta se acercaba al final de su vagina y que por su tamaño no podía salir, era cuando más placer le proporcionaba. Esas escenas me tenían en lo personal extasiado; habíamos fantaseado con esa idea, pero la realidad superaba con mucho nuestras expectativas y yo no me cansaba de verla y de tocarla, sobre todo en la parte que se unía su vagina con el tubo de la palanca, la cual estaba mojada por todos sus jugos que, con su gran excitación, lo empapaban todo. De pronto se detuvo, y es que le entró de pronto el miedo de que, por haber batallado en entrar la palanca dentro de ella, ésta podría atorársele y con ello impedir que pudiera desprenderse, tal y como si fuera un bulbo de un perro. Yo la tranquilicé y le dije que intentara salirse en ese momento para probarlo, ya que, como un amigo me dijo “aquello no nació allí”, y así lo hizo, se levantó lo más que pudo, y en un sonido de “plop”, salió de su ...
... vagina la palanca, haciendo ella con mayor razón cara de placer. Le pregunté que que tal, y que, si le gustó, que le dolió un poco la salida. Fue entonces que le dije que se volviera a encaramar sobre él, ya que quería que se viniera con la palanca dentro de ella, y luego de decirme que, si en verdad eso quería y al ver mis ojos de lujuria, volvió a subirse y dejó que aquella palanca, ahora más rápidamente, entrará en ella. Así, empezó a moverse sobre ella y a decirme lo rico que sentía con tener a aquello dentro, tan duro y tan grande, masajeándose con una mano su clítoris, y cada vez más rápido para anunciarme que se iba a venir, lo cual logró, dando gritos de placer incontenibles y que, si alguien hubiera pasado en esos momentos, pensaría que le estaban haciendo daño. Yo me aguanté las ganas de masturbarme y de venirme, por no dar crédito a lo que mis ojos veían, y sí, mi orgasmo fue interno al ver a mi mujer, a la mujer que amo, en esa tan singular posición, y lo mejor, disfrutándolo plenamente. Bueno, ya al relajarse, batalló nuevamente para salir, volviéndose a escuchar ese “plop”, y se recostó junto a mí, preguntándome si me había gustado, que, si me había excitado, a lo cual le di un gran beso y le dije que era el mejor regalo que me pudo haber dado en esos momentos. Por lo mismo, al estar más tranquilos, pensamos en la situación en la que estábamos y decidimos regresar a nuestro hotel para continuar con nuestra sesión de amor, la cual, por los momentos vividos, ...