1. Me viene otra vez, papá, me viene otra vez


    Fecha: 18/09/2021, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos

    ... poner su meato sobre el clítoris. Al frotarlo Musoke sentía cómo le pringaba el clítoris de aguadilla.
    
    -¡Me voy a correr, papá, me voy a correr!
    
    -Córrete, vida.
    
    Esta vez su coño no soltó sus usuales chorros de orina, soltó babas mientras su cuerpo hacía un arco y su pelvis se levantaba gloriosa. Esteban no dejó de frotar hasta que acabó de correrse y el cuerpo de su hija quedó en posición natural. Ahí la cogió por la cintura, la levantó, le clavó la polla hasta el fondo y le dio caña brava hasta que le dijo:
    
    -¡Me viene otra vez, papá, me viene otra vez!
    
    No dejó que se corriera, se la quitó y se corrió él en la entrada del coño, luego la volvió a coger por la cintura, y le comió el coño hasta que se corrió en su boca, diciendo:
    
    -¡Qué bello es pecar!
    
    Al acabar de correrse, le metió la polla a media asta, le cerró las piernas, y besándola la folló despacito hasta que la polla se puso tiesa dentro.
    
    Musoke disfrutaba de cada mete y saca, de cada beso, de cada mirada... Hasta disfrutaba del silencio que solo ...
    ... rompían dos verderones trinando en uno de los árboles y el ruido de la polla dentro del coño al chocar con los jugos que tenía en el fondo: "Chof, chof, chof..."
    
    A Musoke le gustaba anunciar sus orgasmos, y le anunció el último.
    
    -¡Me viene, papá, me viene!
    
    Esteban aceleró el mete y saca y Musoke hizo algo que no debía hacer, meterle un dedo en el culo a su padre. Esteban, sin poder evitarlo, descargó dentro de su hija. La muy cabrita al sentir su leche dentro le aumentó el placer. Quitó el dedo del ojete y le clavó las uñas en las nalgas al tiempo que lo apretaba contra ella.
    
    Fueron dos corridas grandiosas en las que gimieron, temblaron, se sacudieron y casi se mueren de gusto el padre y la hija.
    
    Al acabar y aún con la polla dentro le dijo Esteban:
    
    -Mañana te compro la píldora del día después.
    
    A Musoke en aquel momento le importaba una mierda lo que pudiera acarrear el polvo que estaba echando.
    
    -¿Seguimos?
    
    -Sí, pero mañana...
    
    -Sí, sí, la píldora. ¿Me dejas subir encima de ti?
    
    -Sube, cielo, sube.
    
    Quique. 
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