1. Viuda reciente, madre caliente (2)


    Fecha: 03/10/2021, Categorías: Incesto Autor: Azalais, Fuente: CuentoRelatos

    ... correrse, se volvían locos de excitación. Además, yo misma descubrí, que me producía un mayor placer sentirme manoseada por chicos que podían ser mis hijos por la edad que tenían, excitándonos mucho más los dos, follando cómo dos animales nada más volver a casa.
    
    Dispuesto a someterme más cada día, Mario no hubo noche que no me follara en nuestra alcoba, después de haberme azotado y nalgueado previamente, hasta dejarme las nalgas bien marcadas de moretones. En realidad, más que madre-hijo, éramos desde hacía meses, amantes libidinosos, donde la lascivia y la lujuria, junto con el morbo y la mayor perversión, llenaban nuestros sentidos, sintiéndome a la vez, la perra de mi hijo, cosa que me hacía estar todo el día en celo, esperando ser dominada y follada por mi pequeño.
    
    Conforme pasaban los meses, mi hijo se volvió más perverso, llegando a follarme en la calle cuándo ya se hacía oscuro, e incluso en el cine en una ocasión, después de que me manoseara un chico africano, al cual aún recuerdo por la polla que se gastaba, el mocoso.
    
    Mi hijo al verme tan excitada y tan guarra, pues llegué a comerle la polla hasta que se corrió, lanzando unos chorretones de leche increíbles, me llevó a la última fila dado que, al ser una sala de barrio, un Viernes noche apenas habría más de una decena de personas.
    
    Nada más tomar asiento él, me asió del pelo y me metió la polla hasta el fondo de la garganta, el muy vicioso, después de haberme puesto de rodillas en el suelo, entre sus ...
    ... piernas.
    
    Le lamí la verga sin prisa alguna, gozando de cada centímetro de aquella barra de carne, corriéndome sin tocarme de sentirme tan puta con mi amado hijo. Cuando ya no pudo más, me hizo sentarme encima de él dándole la espalda, haciendo que yo misma me empalara su gruesa polla, arrancándome un gemido profundo en forma de susurro ─…mmm… follameee… ─al sentirme tan empalada, notando su grueso cipote en el fondo de mi coño, cómo pocas veces lo he sentido.
    
    Loca de excitación, provoqué a mi pequeño para que me llenara de su leche, sabiendo cómo se excita cuando su madre le habla de forma soez, consiguiendo que se corriera a los pocos segundos.
    
    Al cumplirse justo un año de la muerte de mi difunto esposo, Mario me sorprendió queriendo acompañarme esa tarde al cementerio. Yo no daba crédito a lo que oía, pero me alegró su decisión, sin pensar en las perversas intenciones que poco después descubrí.
    
    Haciendo un alto en lo que aconteció esa tarde en el cementerio, desde que me folló en el cine, me impuso que no utilizara bragas jamás, salvo que tuviera la regla obviamente, por razones de higiene.
    
    Al ser el mes de noviembre en esas fechas anochece a las cinco de la tarde por lo que, a esas horas, el campo santo no recibe ninguna visita, menos aún en un pueblo tan pequeño y tranquilo cómo es el nuestro.
    
    Todos saben que el vigilante del cementerio es un hombre jubilado, que no cierra jamás las puertas en otoño, sino que se limita a dejarlas ajustadas nada más.
    
    Nada ...
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