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Una madre desquiciada por su hijo
Fecha: 13/10/2021, Categorías: Incesto Autor: tranque, Fuente: CuentoRelatos
... seguirle la corriente. Decido seguirle corriente, tal vez se olvidaría. Llego a casa alrededor de las cuatro de la tarde, no veo a Leandro, así que voy directo a mi habitación a cambiarme, luego me doy una ducha, lo necesitaba más que nunca, necesitaba bajar mi calentura. Ya relajada voy a la cocina a prepararme un té, mientras lo estoy tomando entra Leandro, en pantalón corto sin nada arriba. -Hola Ma. -Hola, porque me mandaste esas fotos, estás loco, mira si las vieran en la oficina. -Que tiene de malo, se las hubieras mostrado a tus amigas, seguro que alguna me ayudaría con la depilación. -Estás, loco ¿Cómo les voy a mostrar la pija de mi hijo? Seguro que alguna se ofrecería a depilarte, sé que son todas putas. -jajajaja bueno, no te hagas problema, si vos no me quieres ayudar, ya sé que hacer. - ¿Qué vas a hacer? Le vas a decir a Leila. - No, mejor, mañana viene la abuela y le voy a decir a ella, hoy le mando las fotos. - ¡No! ¡A la abuela no! - Pero ella me va a entender, tampoco es tan grande tiene menos de 60 años, no se va a asustar como vos, no es tan conservadora. -Yo no me asusto y tampoco soy conservadora. - Entonces decidí, si me depilas vos o la abuela. - Bueno… te depilo yo. -Listo, vez que era fácil. Agarro las cosas y voy a tu habitación que es más grande, te espero. No pude decir nada más, termino de tomar el té y quedo en manos del extorsionador de mi hijo. Estaba agitada y nerviosa, tomo coraje y voy a mi ...
... habitación consciente de la situación. Abro la puerta y ahí estaba Leandro tirado, desnudo, sobre la cama, pero tenía una pequeña toalla de manos sobre el pene. En una bandeja de desayuno había dejado una máquina de afeitar descartable, como la que usa todos los días para su barba, un vaso con agua y espuma de afeitar. - ¿Estás listo? - Si, cuando quieras. Se puso las manos detrás de la cabeza y me observaba con una sonrisa, el desgraciado lo estaba disfrutando, yo también, pero trataba de no demostrarlo. Llegó el momento de poner, literalmente, manos en el asunto, me siento a un borde de la cama, acomodo la bandeja y retiro la toalla que cubre el pene. Quedo con la boca abierta, era inmenso, estaba completamente erecto, le llegaba hasta el ombligo, de un grosor alucinante. De inmediato acerco la mano, decidida, sin demostrar miedo o vergüenza, lo tomo con firmeza, estaba duro como una roca y caliente, casi podía sentir sus latidos. -Sí quieres, te puedes relajar. -No puedo, tiene vida propia. -jaja Empiezo a pasar la crema de afeitar por todo alrededor del pene y los huevos, se los masajeo con una mano mientras sostengo el falo con la otra mano, no quería terminar más, el parecía cada vez más agitado, ya no me miraba, cerraba los ojos, perecía que hacía su mayor esfuerzo para no eyacular. Dejo de manosearlo, tampoco quería que acabara y pierda su rigidez, entonces empiezo a afeitarlo, con cada pasada iba quedando más limpio, más lampiño, como un ...