1. La historia de Ángel, solo era un muchacho (54/59)


    Fecha: 15/10/2021, Categorías: Gays Autor: Albany, Fuente: CuentoRelatos

    ... quizá desafortunadamente, Erico a la izquierda, pero enfrente tenía a Rubén que me hablaba a gritos.
    
    Alguna vez, como al descuido, Ian colocaba la mano izquierda sobre mi muslo, apretándolo sin fuerza cuando quería que diera una confirmación a sus palabras, pero a veces la seguía manteniendo en una tenue caricia que me ponía nervioso.
    
    Sinceramente no perdonaba a Alberto que no estuviera a mi lado, comportándose como hacia Ian, intentando conquistarme, seducirme como él hacía sin cansarse, sin que le oyeran los demás, susurrándome lo guapo que me veía esa noche, que me brillaban espléndidamente los ojos, que le embriaga mi aliento, que mis labios estaban rojos como una flor para besarlos.
    
    Porque lo necesitaba, si, y no podía evitarlo, como lo que era, una buena zorrita que había pasado demasiado tiempo sin sentirme controlada por un macho.
    
    Ian me estaba arruinando la noche aunque él no lo supiera, no quería que fuera con él, había decidido que fuéramos amigos y nada más. Si en su lugar hubiera sido Erico, le hubiera pedido que me lleva a un hotel, a su casa, al campo al aire libre en esa noche estrellada y caliente, y que me hiciera rendirme ante su fuerza de macho, pero…, ¡joder!, con Ian, a pesar de estar tan bueno, me daba corte después de haberle parado los pies como lo hice.
    
    En un momento que su mano se deslizaba más arriba de mi muslo se la sujeté apresándola pero sin separarle.
    
    -Ian, por favor. -enseguida me miró arrugando el entrecejo y le note ...
    ... entristecida la mirada.
    
    -Perdona Ángel, no quería molestarte. -aquel gesto suyo y su sincera disculpa me dejaron rojo de vergüenza, al menos no se había enterado nadie de que le había cortado y podía temer al ridículo. Sentí una fuerte opresión en el pecho y como mi corazón latía más rápido.
    
    Nos mirábamos fijamente y sentía pena, lástima por mi amigo que según él me amaba y yo no le daba la más mínima esperanza, y mientras mas le miraba mejor apreciaba sus bellos y viriles rasgos.
    
    Apreté su mano que aún sostenía sobre mi muslo y le dirigí una sonrisa tímida.
    
    -No tengo nada que perdonarte Ian y no me molestas, en realidad me gusta.
    
    Mejor que no se lo hubiera dicho, pareció que a partir de aquel momento le había dado permiso para todo, y empezó a comportarse como un auténtico enamorado, a veces estrechándome cogiéndome de los hombros, claro que nadie se daba cuenta porque ya todos habían bebido más de seis cervezas.
    
    Alguien si lo había notado, Rubén desde el otro lado de la mesa me guiñaba un ojo, complice con lo que estaba sucediendo entre Ian y yo, y a veces sacaba la lengua relamiéndose los bellos y perfilados labios, como diciendo que aprovechara, porque él no lo dudaría un segundo.
    
    La cena terminó bastante tarde, creía que todo llegaría hasta ahí, pero éramos jóvenes, el verano estaba en su apogeo, la noche cálida.
    
    El tugurio donde entramos estaba casi a oscuras, el alumbrado de la calle inexistente, dentro del tugurio tardamos en acostumbrar la vista. El ...
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