1. A la próxima ¡me la metes! (4)


    Fecha: 18/10/2021, Categorías: Gays Autor: janpaul, Fuente: CuentoRelatos

    Diego ya había alabado suficientemente mi casa, aunque seguía impresionado con la cantidad de mariconadas que yo tenía, incluida la moto, una consola nintendo, literalmente centenas de juegos, computador, videos, etc... No había riesgo de que de las casas vecinas se percataran que había alguien acá (haciendo además lo que hacíamos); primero, a nadie le importaba un puto bledo en este lugar, y además, los alrededores de la casa eran un campo libre de 10.000 metros cuadrados, es decir desde la reja de acero 2,5 metros de alto hasta la entrada de mi casa habían 300 metros.
    
    Diego me había dicho que sus papás eran empleados y por tanto de esa situación económica nuestras familias estaban a mucha distancia una de la otra. Poco me importaba esa mierda, siempre pensé que mis papás eran millonarios, no uno sino los dos, pero yo no era millonario.
    
    — Bueno, ya que estamos con el porro, ¿quieres una cerveza? —ofrecí.
    
    Me sonrió con su sonrisa preciosa gracias a la cual le brillaban sus blanquísimos dientes.
    
    Teníamos las toallas puestas como togas romanas, le pasé unas zapatillas y partimos a la cocina, tomé la precaución de abrir las ventanas para que el olor del porro se fuera. Yo sabía que mis papas, ambos, eran de porro frecuente, pero eran muy precavidos en que mi hermana y yo no nos percatásemos, pero el olor y las briznitas dejadas descuidadamente en el cenicero, eran claros indicios de lo que ocurría y por lo que mi hermana y yo nos hacíamos los tontos. Estoy seguro ...
    ... que además había también en ellos algo de cocaína.
    
    Prendimos el cigarrillo de marihuana, destapamos las cervezas, y empezamos a beber la cerveza y aspirar el picante humo del canuto. Para mí bastaron sólo tres chupadas para quedar tremendamente colocado, tosí como si me estuviera «dando la pálida» (2), logré recuperarme y no di para una cuarta aspirada. Diego llegó sólo a cinco, las que aspiraba profundamente, se le llenaban los ojos de lágrimas. Tosió intensamente.
    
    El silencio se fue apoderando de nosotros, en tanto las sensaciones de todo el entorno se hacían más intensas. El ruido del refrigerador se hizo música, las luces de la cocina se hacían más brillantes, y los olores del ambiente, incluidas las frutas, nos invadían a torrentes. Tuve aún el ánimo de proponerle que fuéramos a ver televisión a mi dormitorio. Nos dirigimos allá y aprecié su cuerpo delgado y bien formado, poniendo especial atención a su trasero. Nos recostamos en la cama, prendimos la tele, hicimos zapping entre varios canales y nos quedamos con MTV que estaba tocando un especial de rock pesado (no me gustaba, pero a Diego sí); las luces bailaban al ritmo de la banda de heavy metal. Yo me quedé pegado a la tele, las imágenes eran alucinantes y me empecé a hacer parte de ellas, estiré mi mano y alcancé la de Diego, que la aceptó sin reparos y, al contrario, me la apretó y se aferró a mí. Me volteé y lo miré a la cara. Estaba yo pasmado con este muchacho a mi lado que se me apegó, me brindaba su calor, ...
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