1. Debut familiar (Primera parte)


    Fecha: 20/10/2021, Categorías: Gays Autor: Thotem, Fuente: CuentoRelatos

    Desde hace tres semanas vivo con Peter, estamos acostumbrándonos a convivir juntos, soy consciente que mis padres no lo aprueban a pesar de ser hijo único. He ido al peluquero, no es caro y me cae bien, siempre me dice que tengo un pelo muy lacio y debo lavármelo con shampoo especial. Mi peluquero me ha dicho que la mayoría de rubios tienen ese problema. Me gusta llevar el pelo largo, notar como cae sobre mis hombros. Es sábado y hoy no trabajo, en cambio Peter tiene que trabajar. Trabaja de camarero, después de estos años quizá sea lo mejor que me ha pasado conocerlo. A mis 23 años me estoy forjando un porvenir, nunca hubiera imaginado ese cambio radical en todos los aspectos, tanto el laboral como el personal. Hasta los 18 no tenía clara mi condición, pero ocurrieron acontecimientos que llevaron a ello. Me llamo Jesús, aunque me apodan Jesulin, y como se habrán dado cuenta soy maricón.
    
    Todo empezó recién cumplidos los 18. Ese año nos mudamos a otra región por motivos laborales de mi padre, el lugar en cuestión era donde se había criado mi padre, por lo cual lo movían lazos familiares. Nos mudamos cerca de la casa de mi abuela, mi tío — el hermano mayor de mi padre — vivía arriba. Para mi padre el único consuelo de que mi tío Cesar estuviera cerca de la abuela era que era médico y dada la avanzada edad de ella era un consuelo. Por lo otro mi padre siempre al referirse a él lo hacía en términos “mi hermano, el gay”; y por parte de mi madre “el cuñado maricón”. A sus 54 ...
    ... años el tío Cesar era alto, de espaldas anchas, una incipiente barriga denotaba el buen comer, en su cabeza lucía una brillante calva, de frente ancha, nariz grande y gruesa, en su redonda cara llevaba una perilla blanca.
    
    En esa época sentía mal estar general, por lo que mi padre, mal que le pesará me dijo que el tío Cesar a última hora podía recibirme en la consulta privada. Nada más entrar en la consulta me dio dos besos, llevaba un pañuelo rojo bajo la bata blanca. A pesar de solo haberlo visto en celebraciones familiares siempre me había parecido un hombre majestuoso, sus dos besos cuando me veía y su mirada subrepticia le daban ese aura de bonachón (Aunque mi padre siempre me había advertido en cuanto a él y, con su soberbia de palabras hechas que tenía a mano “la cabra siempre tira al monte, Jesulin”). Terminado el saludo me dijo:
    
    — Cuéntame que te pasa, Jesulin.
    
    — Me siento débil, me mareo a veces, no tengo hambre — dije.
    
    — Bueno, en principio haremos una exploración a fondo — dijo mientras me miraba fijo a los ojos —, puedes quitarte toda la ropa.
    
    Quedé en calzoncillos mirando la consulta.
    
    — Los calzoncillos también, Jesulin, no seas tan recatado, estamos entre hombres — dijo en tono de complicidad mientras yo me los quitaba —. Voy a medirte y pesarte, ven…No has salido a la parte nuestra, la de tu padre, a ver… mides 168 cm y pesas 57 k. Creo que estás anémico. Túmbate en la camilla.
    
    Me tumbé en la camilla y toco mis articulaciones, al llegar al ...
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