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De padrastro a padre de mis mellizos
Fecha: 25/10/2021, Categorías: Incesto Autor: MiguelFederico, Fuente: CuentoRelatos
A Sergio lo conocí cuando tenía 16 años. Él tenía 40 años, muy buen físico, atractivo y muy elegante, con unos modales exquisitos. Encima profesional, Ingeniero en Sistemas, y como sabría tiempo después, un bocho. Tenía su propia consultora y trabajaba para empresas tanto de Argentina como del exterior. La noche que lo conocí había venido a cenar a casa invitado por su novia, Roxana, mi madre. Le trajo un ramo de rosas espectaculares, y una torta helada para de postre. Yo no podía sacarle los ojos de encima, me maravillaba como miraba a mi mamá, podía ver en esos ojos cuanto la amaba. Charlamos bastante, pero él cuidó no hacerme preguntas personales, incomodas. Meses después se casaron. No se fueron de viaje de bodas, del registro civil, a casa. Lo primero que hizo en casa fue pedirme hablar en privado, a lo cual accedí de inmediato. “Silvia, como te imaginarás conozco parte de la historia de tu familia, la que me ha contado tu madre. Por los momentos que hemos compartido hasta ahora, creo que tendremos una muy buena relación. Obviamente no soy tu padre, ni pretendo ponerme en ese lugar. Solamente quiero ofrecerte dialogar todas y cada una de las veces que lo necesites. Si vos estás de acuerdo, me gustaría ofrecerte mis puntos de vista cuando lo considere, sin que sean imperativos. Me casé con tu mamá, pero espero que los tres formemos una familia. Yo no tengo hijos y deseo que Uds. sean mi familia.” Dijo recalcando las últimas palabras. “Entonces, si querés que ...
... empecemos bien, decime Sil, que es como me dice mi mamá. La verdad es que siempre me caíste bien, desde el primer día y sé que amas a mamá y te preocupas por hacerla feliz. Eso me hace feliz a mí. Y podes decirme todo lo que quieras, bueno, malo, consejos, reproches. Trataré de tomar todo para crecer. Aunque la vieja hizo todo lo posible por ocupar los dos roles, pero no te voy a negar que muchas veces necesité la palabra de un hombre, de un padre.” Dije. Los años siguientes fueron increíbles, nunca tuvimos roces, cuando me tuvo que decir algo me lo dijo con tranquilidad, explicándome su punto de vista. Yo aprendí a confiar en él, si salía con un chico al primero que le contaba era a él. Y si salía de noche, sabía que él estaba despierto leyendo hasta que yo llegaba a casa, pero nunca me cuestiono la hora. Con mi mamá, eran la pareja más feliz del mundo. Aunque trataban de cuidarse, muchas noches los escuchaba gozar haciéndose el amor, riendo, o chocando las copas en un brindis en la intimidad. Más de una vez, en el desayuno los molestaba cargándolos por eso, y ellos se reían como dos chicos. Y Sergio siempre decía lo mismo: “Es culpa de tu madre Sil, es demasiado hermosa. Y muy traviesa.” Nunca ocultaban lo mucho que se disfrutaban. Cuando tuve que elegir una carrera, opté por seguir sus pasos, aunque él nunca influyó en lo más mínimo. Pero cuando empecé, me explicaba lo que necesitara, las veces que lo necesitara. En tercer año me ofreció trabajar con la consultora. ...