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Carmen, la vecina
Fecha: 28/10/2021, Categorías: Sexo con Maduras Autor: vaganauta, Fuente: CuentoRelatos
... por sus jugos y seguramente sus gemidos se escucharían desde la otra cuadra. Yo estaba súper concentrado, quería que ese momento no terminara más. Quería seguir cogiendo toda la noche y todo el día, y también el resto de la semana. Imploraba no terminar más esa faena. -Como te gusta mi pija!! (le dije) -Siii, soy muy caliente, hoy soy tu puta!! Soy solo tuya y quiero toda tu leche pendejo!! (me decía mientras saltaba sobre mi choto erecto y duro como un fierro). Obviamente no podía aguantar más y comencé a largar chorros de semen en su interior, llenando sus entrañas con mi savia. Ella seguía cabalgando ya un poco más calma, con una sonrisa de satisfacción y deseosa de guardar entre sus recuerdos el acto finalizado. Mi pija comenzó a ablandarse y los jugos de ambos a chorrear por sus piernas. Yo me deleite también besando sus tetas y los pezones puntiagudos que tenía. -Me encantan tus pezones porque parecen chupetes (le dije) -Dale, chupámelos un ratito más que ahora me toca a mí (me dijo mirándome a los ojos) Acción seguida, se deslizó hasta mi verga flácida y comenzó a mamarla, hasta ponerla nuevamente dura. -Uffff estoooy… No te imaginas! (dijo sin dejar de mamarme) -Si seguís haciendo eso me vengo en tu boca! (le advertí) -Que?? Esto?? (Dijo) La muy puta, haciéndose la inocente, pasaba su lengua por el glande y recorría con ella todo el tronco ...
... del pene. Sus manos jugaban acariciando mis bolas. Mi pija con tanto juego, pedía eyacular. Ella enseguida supo que estaba por venirme y metió toda la verga de un solo movimiento en su boca hasta tocar su propia garganta con la punta de mi sable. Succionó hasta hacerme acabar en su interior y no se permitió derramar ni una gota de semen. Después se tragó todo cuando terminé. Satisfecha, me dijo que necesitaba un baño y me pidió que la acompañe. Por supuesto que fuimos juntos a la ducha y ahí continuamos cogiendo un ratito más, aunque mis piernas ya no podían sostenerme del cansancio. Nos dormimos juntos y a la siguiente mañana me fui a trabajar. A pesar de las incomodidades de un martes típico, a mí no había nada que me pusiera de mal humor. Ambos quedamos en que se guardaría el secreto y que lo sucedido era tan solo una “situación aislada”, sin complicaciones ni ataduras. Y a pesar de volver ese mismo día al departamento del quinto piso, pero no recibir respuesta alguna, caí en la cuenta que posiblemente no volvería a suceder jamás. La semana transcurrió tranquila, sin sobresaltos. El viernes por la noche recibí un mensaje de texto en mi celular que decía: “Cuando venis?? Te extraño… estoy tan mojadita y caliente… muy lubricadita para vos” Cerré el celular, salí pronto de mi departamento. El finde comenzaba y mi cena estaba en el piso de arriba.