1. La musa y yo


    Fecha: 01/11/2021, Categorías: Gays Autor: Jascer, Fuente: CuentoRelatos

    Revisaba documentos en mi escritorio cuando apareció Mike. Me saludó con un gesto de mano y una sonrisa de perfecta y blanca dentadura.
    
    Me alegré al verlo. Después de una tarde ajetreada necesitaba una pausa y hablar un poco resultaría provechoso como un sorbo de agua en el implacable desierto. -Pasa -le dije con entusiasmo mientras me levantaba y le sonreía. -¿Qué se te ofrece?
    
    Mike ingresó en el aula y con su habitual educación inclinó un poco la cabeza y me estrechó la mano. -Pasaba a ver si ha hecho dibujos nuevos -me dijo.
    
    -Oh, sí -manifesté mientras abría mi carpeta. -Aquí tienes.
    
    Mike tomó el voluminoso bulto compuesto por unos 40 dibujos. Había ilustraciones de animales, coches, criaturas y para mi desdicha otras que no debían estar ahí. El corazón se me aceleró cuando vi los ojos de Mike agrandarse por la sorpresa y su bonito rostro teñirse de rojo.
    
    -Eso no debía estar ahí... -expresé avergonzado con un susurro sintiendo la cara hecha una brasa con el tono de un tomate ante los dibujos de varios chicos desnudos que olvidé guardar en casa en mis dibujos privados.
    
    -Me da mucha pena... Mike... No tenías que haber visto eso... -dije con voz temblorosa mientras carente de fuerzas me sentaba para luego llevarme las manos a la cabeza en expresión de angustia. El estudiante que más me agradaba y ahora se alejaría sin duda al considerarme un pervertido al que le agrada el mismo sexo.
    
    Me sentí morir, pero luego un soplo de aire fresco inundó mis pulmones ...
    ... cuando unos dedos delicados se posaron con suavidad sobre mi hombro. -No se preocupe -me dijo una voz apacible -Están preciosos sus dibujos, en especial los últimos.
    
    Miré a Mike con los ojos húmedos. Él me sonreía.
    
    Creí que estaba en un sueño. -¿En verdad no te molestan mis dibujos? -le dije para estar seguro de que no alucinaba. Entonces sentí los agradables dedos del muchacho acariciar mi hombro en una forma en que sería inusual para un chico corriente al tiempo que su voz tranquilizadora manifestaba con un susurro cálido: -No, de hecho me gustan muchísimo. -Me quedé atónito cuando su voz varonil, pero suave agregó: -Me gustan tanto, que, si fuera posible, me gustaría ser dibujado por usted alguna vez como en uno de esos magníficos dibujos.
    
    Tocaron la puerta. Era Mike.
    
    Mi corazón se aceleró cuando el apuesto espécimen de muchacho que tenía enfrente se sacó la camisa. A sus 19 años era un muchacho espléndido, guapo en el sentido absoluto del término.
    
    Tenía los brazos gruesos y el torso robusto, con grandes pezones rojos abultados y pectorales y abdomen gorditos, como los muchachos de las pinturas barrocas. Tenía la piel muy blanca y tan suave como la piel de un bebé. Un torso robusto, no obeso, era bonito, precioso, según estilo de canon renacentista, tanto como su exquisito rostro, varonil, pero de facciones delicadas, por el que resultaba complementado con esbelta gracia.
    
    A petición mía se sacó también los zapatos. Tenía los pies hermosos.
    
    Se acomodó en ...
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