1. El secreto de tía Laura (capítulo 1)


    Fecha: 08/11/2021, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos

    ... una silueta inverosímil, de esas que uno solo encuentra en internet.
    
    Yo no era el único que se había quedado impactado con ella. Más de un tío la siguió con la mirada, apenas sus respectivas mujeres se distraían.
    
    — ¿Quién es? —preguntó el primo Germán, quien también había caído en el hechizo.
    
    — Ni idea —contesté.
    
    — Qué buena que está —dijo él.
    
    — Muy musculosa para mi gusto —dije yo mintiendo. Si bien la chica estaba muy marcada, no llegaba al punto de perder esa gracia que tienen los cuerpos femeninos.
    
    Por fin se acercó a nosotros. Me mostró unos perfectos dientes, cuya blancura resaltaba en medio de ese mar de caramelo que era su piel.
    
    — Ella es Laura —dijo mamá, como si yo tuviese que reconocer a la chica. Cuando se dio cuenta de que mis neuronas no procesaban la información, agregó—: Laura, mi hermana. Te hablé muchas veces de ella ¿Te acordás?
    
    Mi cerebro hizo clic. Laura era producto de una relación clandestina del abuelo Eduardo. Mamá solía decir que a su padre le había agarrado el viejazo, y por eso se había encamado con otra mujer, cuando rondaba los cuarenta. Fue una cosa pasajera, salvo por el hecho de que había dejado una criatura por el camino. La abuela Mirta jamás le permitió tener una relación fluida con su hija extramatrimonial, y mamá creció desconociendo la existencia de aquella hermana. Recién de adulta se enteró del chanchuyo del viejo.
    
    No culpen a la abuela. Es de otra generación, y siempre fue muy orgullosa. Además, esta ...
    ... historia no va ni de ella, ni de mamá.
    
    Laura, como era de esperarse, era mucho más joven que mamá, quien contaba con cuarenta años, o cuarenta y uno, nunca recuerdo ese detalle. En fin, Laura tiene veintiséis años.
    
    La noche siguió su rumbo. Nos sentamos a cenar, y, como era de esperarse, Laura fue el centro de atención. Los tíos, y sobre todo las tías, la llenaron de preguntas, a las que ella respondía cortésmente, aunque a mí me pareció que por momentos quería que la tragara la tierra, sobre todo cuando se ponían pesadas con el tema de si tenía pareja o no.
    
    Cuando terminamos de cenar, pintó el bailongo. Me fue difícil quitarle la mirada de encima a mi, hasta ahora, desconocida tía. Germán y Lauty, mis primos, se habían animado a sacarla a bailar. Y Germán en particular, aprovechaba para agarrarla de la cintura. Sus manos estaban muy cerca del culo de la tía. No hace falta aclarar que ni Germán ni yo fuimos los únicos que parecíamos omitir el hecho de que nos unía un parentesco cercano con aquella chica. Algunos disimulaban mejor que otros, pero la imponente presencia de Laura era imposible de eludir, incluso para mi padre.
    
    — ¿Vos no bailás? —me preguntó Laura, cuando se sentó a mi lado, acalorada, después de terminar de bailar.
    
    — No, no me gusta —dije tímidamente.
    
    Por cierto, aclaro que escribiendo desde el anonimato puedo parecer más descarado de lo que soy en realidad. En la vida cotidiana soy bastante apocado.
    
    Tuve una corta conversación con Laura, en la que ...
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