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La historia de Ángel, solo era un muchacho (47/59)
Fecha: 14/11/2021, Categorías: Gays Autor: Albany, Fuente: CuentoRelatos
La noticia llegó durante la cena, al menos para mi, posiblemente Ana y Eduardo la supieran por la reacción que tuvieron al escucharla de Pablo, no interrumpieron la comida cuando a mi se me cayeron los cubiertos de las manos. -Estoy recogiendo mis cosas, las más necesarias para marchar. -aunque sabía que eso tenía que producirse mas pronto que tarde, me asombró la forma tranquila de decirlo. -¿Cuándo piensas partir? -era la primera pregunta tonta que se me ocurrió, que importancia tenía un día antes o después, como dije Eduardo y Ana siguieron con la rutina de escarbar entre la comida con sus tenedores. -Recibiré las últimas notas de la universidad uno de estos días e inmediatamente emprenderé el camino, en realidad ya estoy recogiendo lo imprescindible. -nos quedamos sin hablar, se me había ido el apetito. Después le esperé en vano en mi habitación y me desplacé a la suya, la tenía con maletas en el suelo, con calzados y ropas desechadas para tirar al reciclaje, alguna maleta estaba ya cerrada y otras preparadas para terminar de llenarlas. En ese momento estaba clasificando carpetas de apuntes y libros, con una caja de cartón donde los iba metiendo, parecía como si preparara su marcha para siempre, dejó lo que tenía en las manos sobre el escritorio y se volvió. -¿Qué sucede contigo, piensas desaparecer? -le señalé el barullo de objetos que tenía repartido por toda la habitación. -soltó una corta carcajada y se me acercó, me sujetó de la cintura y me acercó ...
... a él para darme un beso. -¿Vienes a ayudarme? De verdad lo necesito, no se donde meter todo lo que he ido almacenando. -Responde a mi pregunta, vas a esfumarte en el aire como si no existiéramos. -me soltó para reanudar su tarea. -Cuando venga, alguna vez, tendré suficiente con una bolsa o maleta, la habitación quiero dejarla vacía y que otros puedan usarla. -Esta será siempre tu habitación, hay sitio de sobra en la casa. -entonces se me quedó mirando, creo que con miedo. -¿Quieres venirte conmigo, vivir a mi lado en la hacienda? -no había pensado que me llegara esa pregunta y me quedé callado. -Pero Eduardo…, está enfermo… -Él tendrá quien le cuide, Ana María por ejemplo, y también tiene cercanos a Oriol y David, a Tomás y todos los médicos que necesite. Me había quedado petrificado, sin saber que responderle, deseaba decirle que si guiado por mi corazón y que pasara lo que fuera, pero por otro lado no deseaba marchar y dejar esta casa, mis estudios que empezarían en Septiembre, también estaba Eduardo. Todos mis intereses estaban en juego y yo no lo había meditado, valorado, tenía que jugármelo todo en un segundo. Pablo me volvió a abrazar y puso la boca sobre mi pelo dándome pequeños besos. -Ven aquí, perdona mi petición, no tengo ningún derecho a comprometerte pidiéndote que renuncies a la vida que de verdad va contigo. Tu estarás mejor aquí que allí entre barro y caminos polvorientos. -¡Ohh! Pablo, no puedo dejarlo ahora, sabes que deseo ...