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La casa de masajes
Fecha: 15/11/2021, Categorías: Confesiones Autor: Sophia, Fuente: CuentoRelatos
... algunas cosas, te hará bien, no más de 15’” “Buena idea” Así que me dirigí al cubículo, en ropa interior, con una simpática sonrisa, me dice que debo entrar desnuda, adentro hay una toalla por si la necesitas. Algo abochornada por mi proceder, me quito la ropa y entro. Llegado los 15’, me hace salir, que lo hago envuelta en el toallón. “Acuéstate sobre la camilla y quítate la toalla” A pesar de lo que me dijo, me acosté boca abajo, pero cubrí mi culo con la toalla. “No estarías más cómoda sin nada” sonriendo mientras me lo decía. “Es que soy algo escrupulosa, para desnudarme frente a alguien” “No te preocupes, tranquilízate y descansa” Antes de que lo quitase, lo hizo ella, comenzando a secar mi sudor, de la espalda, los glúteos y las piernas. “Tienes un lindo cuerpo, no tendrías que ocultarlo” “Gracias, eres mi aduladora” le comento a la vez que me hace poner boca arriba. “Además tienes unos hermosos pechos” Con esas pocas cosas que me dijo, fui entrando en confianza, sintiéndome mucho más cómoda, comentándoselo. “Fantástico, me alegro que te sientas más tranquila, y puedas disfrutarlo ampliamente. A mucha gente le sucede lo mismo, así que trato de que se sienta cómoda” Previo a embardunarme con aceite de un rico aroma, toda la parte delantera y fundamentalmente mis pechos, me hizo girar para continuar con toda la parte trasera. Para que una vez finalizado, comenzó a masajear mis pies, sintiendo algo muy placentero, luego pasó ...
... a mis pantorrillas, para seguir con mis glúteos y entrepiernas, rozando mi vagina, desplazándose al cuello y espalda. Subiendo y bajando, repitiendo los lugares, pero al pasar por mi sexo, me producía una cierta estimulación, algo que comenzaba a agradarme, donde Cintia comenzó a darle mayor intensidad. Trataba de contener mis gemidos, que no escapaban a los oídos de esta chica, que muy sutilmente me dice: “Podemos intensificar en determinadas zonas” “Si está bien” Contesté algo perturbada. Poco a poco, fue acrecentando dichas zonas, donde mis gemidos no los contenía demasiado. Me había colocado boca arriba con mis piernas bien separadas, disfrutando cada vez que sus dedos rosaban mi sexo, aunque previo a eso comenzó a lamer entre los dedos del pie, algo que jamás lo había experimentado, y que no me imaginaba como me estaba alterando. Cada tanto acariciaba suavemente mi cuerpo para que me relajase, retornando a mis zonas más estimulantes, desde oprimir mis pezones estirándolos, hasta comenzar a meter sus dedos en mi vagina. Volviendo a repetirlo una y otra vez, cada vez que introducía con gran habilidad sus dedos en mi útero, mi cuerpo se arqueaba, los quitaba para estirar mis pezones, que estaban más que rígidos. Creo que estaba a punto de venirme, cuando, de golpe me levanto como para dar por finalizada la sesión, “Que sucede estas incómoda o estas excitada”? Con algo de pudor le comento lo que me pasa. “Está bien vamos a descansar unos ...