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Un yerno batallador
Fecha: 16/11/2021, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
Doña gertrudis, desde que había enterrado al marido hacía ya casi 2 años que no había salido ni un día de casa salvo para hacer las compras y poca cosa más. Su vida transcurría, con una monotonía exasperante, televisión y más televisión. Doña gertrudis, el día que cumplió 59 años fue un mal día, porque sabía que después, le llegarían la fatídica cifra de 60, y que a estas edades lo único que podía aspirar, cómo les pasaba a otras amigas que tenía en su situación , con suerte, a encontrar un hombre ya casi viejo, con achaques, neuras y las tonterías de la edad, y que para colmo ni podía terminar un polvo. Además, que a ella lo que le gustaban eran los hombres jóvenes y vigorosos. Con ganas de reír, jugar y hacer el amor cuántas veces se pudiese, y esto los vejetes ya no lo lograban. Mejor estar sola, qué hacer de enfermera, sin ninguna contraprestaci ó n , pero el problema, el gran problema, era que entre sus piernas aún necesitaba una buena maza de mortero. Lo que esto tampoco lo consiguió con su difunto marido. Este, en estas cuestiones no brillaba, ni sabía, ni aguantaba a que su mujer llegase al orgasmo. El pobrecito, en esta cuestión era más bien un niño. Doña Gertrudis tuvo que conformarse. Solo una vez estuvo a punto de dar el salto y fue cuando a casa vino un fontanero que se le notaba que era Guerrero. Al estar sola en casa, tentada estuvo de a este subiéndose la falda, enseñarle la cosa, que a buen seguro que se la hubiese tirado. De este ...
... fontanero sabía que a más de una le había arremangado bien pero bien. Cosa que nunca ocurría, en cuando decidió provocarlo sonó el timbre de la puerta, era el cartero con un certificado. Dos minutos después, llamo al timbre el hombre del butano, y cuando ya parecía que el timbre no sonaría más, llegó el marido antes de la hora porque no se encontraba bien. Doña Gertrudis, cabreada, se propuso volver a llamar a que el fontanero aunque no tuviese ninguna avería, y si era necesario provocarla ella. Doña gertrudis , lo que no podía imaginar era que la solución la tuviese en casa. En realidad, en casa de su hija, casada con un gacho que también se las traía. Este, por lo que le decía la hija, era más caliente que el horno del panadero. No veas mamá este tío no me deja ni dar el pecho a la cría, en cuanto llega y cuando menos lo espero me arremanga la falda aunque esté en la cocina con los biberones y la cría llorando a lágrima viva y él dale que te dale por delante y por detrás. Doña gertrudis, en cuando escuchaba su hija se le ponía el chocho como el a fluente del E bro, chorreando. Un día que estaba n en casa de doña Gertrudis comiendo, el yerno, y la hija , la cría un no comía. A esta se le ocurre decir qué el próximo domingo quería ir al cine a ver una película de dibujos animados. Tanto el uno como la otra, se la quedaron mirando como si chochease. -Podríamos ir los tres- continuo ella- y así después me dejáis en ...