1. Córrete conmigo, papá


    Fecha: 20/11/2021, Categorías: Incesto Autor: Kiko, Fuente: CuentoRelatos

    Lesnói es una ciudad rusa situada al lado del río Turá, tiempo atrás no figuraba en los mapas, era llamada Planta 418 y allí se enriquecía el uranio para fabricar armas nucleares, esto fuera lo que despertara la curiosidad de Pedro por la ciudad cerrada, y cómo su hija María pasara la selectividad con muy buenas notas, le regaló las vacaciones en Rusia.
    
    Mantas de nieve lo cubrían todo mientras padre e hija daban un paseo por la ciudad cerrada. En el memorial a la Gran Guerra Patria, Pedro, que era un cuarentón de cabello cano, ojos marrones, alto y delgado, resbaló y se dio un leñazo de cojones. Se estaba cagando en todo lo que se menea. Levantó la cabeza y vio que su hija se estaba riendo. Quien no se reía era una muchacha muy hermosa que estaba al lado de su hija y que llevaba puestas unas botas negras, unos leotardos del mismo color, un abrigo rojo con piel blanca en el cuello y un gorro de lana a juego con las botas y los leotardos. La muchacha, en español y con acento ruso, le dijo:
    
    -Los zapatos que llevas no son apropiados para la nieve.
    
    Era obvio que no lo eran.
    
    -Después de este bochorno necesito echar un trago con urgencia.
    
    María, que era una muchacha que medía un metro setenta y seis, que era morena, de ojos marrones, de cabello negro y que tenía todo muy bien puesto, le dijo a su padre:
    
    -A mí tampoco me vendría mal, papá.
    
    La rusa les dijo:
    
    -Es la hora de la comida, encontraréis lugares donde hacerlo.
    
    María le dio una mano a su padre y lo ...
    ... ayudó a levantarse. Al levantarse Pedro vio que la muchacha rusa era algo más baja que él y que su hija. Tendría unos veinticinco años, su cabello era largo y negro, sus ojos azules, su mirada era seductora, sus labios de piñón y pesaba poco más de 50 kilos. Daban ganas de comerle la boca, pero las ganas son esas cosas que a veces se tienen que aguantar. Le preguntó:
    
    -¿Conoces un buen restaurante?
    
    -Conozco.
    
    -Te invito a comer.
    
    -No te conozco de nada.
    
    -Hablando se conocen las personas.
    
    -¿Y por qué quieres que os acompañe?
    
    -Porque no hablamos una palabra de ruso.
    
    -¿Y qué hacéis en Rusia si no sabéis hablar ruso? ¿Habéis venido a tener una aventura amorosa?
    
    Pedro se puso serio.
    
    -No digas tonterías, María es mi hija.
    
    -Por eso, aquí nadie os conoce y...
    
    -¡Qué no, coño!
    
    -¿Entonces que hacen en Lesnói un padre y una hija que no saben hablar ruso?
    
    Estaban allí de pie, sin moverse y a Pedro le estaba cogiendo el frío, le respondió:
    
    -Congelarnos.
    
    La rusa sonrió y le dijo:
    
    -Pues que no se diga que es por mi culpa, vamos a comer. ¿Cómo os llamáis?
    
    Le respondió María.
    
    -Yo María y mi padre Pedro, pero puedes llamarle cómo quieras que con los ojos que te ha estado mirando...
    
    Pedro le dijo a María:
    
    -Eres una insolente, hija.
    
    La muchacha terció entre padre e hija y vieron que no tenía pelos en la lengua.
    
    -No, no lo es, se te nota mucho que te gusto. ¿Estás casado?
    
    -Estuve.
    
    Siguieron hablando en el camino al restaurante ...
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