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La ventana
Fecha: 21/11/2021, Categorías: Confesiones Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
Yo no entiendo a las mujeres, ni falta que hace, ¿para qué?, no son una especie de alienígenas . No son distintas a los hombres en general. Quieren que las quieras un poquito, amor eterno aunque dure el tiempo justo de un roce. Cuando quieres entender a una en particular es cuando te puedes liar. Ni ella misma puede repetir dos veces seguidas lo que quiere, lo que ahora le gusta mañana le hace heridas. Así que, con mi sentido práctico, y como me gusta disfrutar de las mujeres al máximo, disfrutar con ellas cuando se entregan como si no hubiese mañana, creo que sólo hay dos maneras de entender a esa mujer en particular que acabas de conocer y se presenta delante tuya como un ser único e irrepetible. Una es escucharla, nadie escucha con más atención que un hombre con ganas de follar. Escucharla, y esperar a que quiera terminar de desahogarse contigo. Para esto hay que echar algo de paciencia. Pero existe la segunda forma, tan excitante que se puede uno aficionar rápido, porque te mantiene en tensión como un deporte de riesgo . Y esto es, esperar La Ventana. Hay un momento, en la vida de cualquier mujer, que se le abre una ventana "espacio tiempo", y es capaz de las mayores locuras, y si en ese momento estás ahí, y el miedo no te impide saltar de cabeza por la ventana, vivirás una experiencia inolvidable. Serían las siete cuando entré por la puerta del bar para tomar una cerveza. Ya con ese llevaba tres días sin follar; para mí era un récord mundial, llevaba muchos años ...
... siendo un hombre formal, ocupado de mi familia, pero al menos echar un polvo o dos al día era el trato. La cosa no pintaba bien en casa, y no me apetecía volver para más bronca. Me quedo en la barra de pie, miro alrededor y veo veinteañeras por doquier, en grupitos de dos o tres, la vista me encantaba, y yo las miraba sin reparo. Soy un hombre de mediana edad, pantalones de pinzas, camisa entallada, con todo mi pelo y complexión atlética. Ellas me miraban y cuchicheaban y se sonreían. Yo tenía tantas ganas que estaba que me follaba encima, pero eran las siete , hora de café, las lobas no han salido aún, y si me acerco a un grupo de adolescentes no pasaría de viejo pagafantas. Así que me acomodo y decido dejar el tiempo pasar. Me planteo emborracharme mientras me lo pienso, y luego quizás dormir en un piso que tenia por la zona, que casualmente aquel día estaba sin inquilinos. En esto estoy, mirando tantas bellezas, como el chiquillo que ese día se escapa de casa, cuando a un metro de mí, en la barra, se planta otro individuo de mediana edad y pide una cerveza. Este me animó, ya no era yo el único viejo en aquel especie de pub. Y además estaba gordo, y calvo. Coño, si este tiene esperanzas aquí, mi causa a lo mejor no está perdida. Como de la nada surgen dos veinteañeras, una morena alta, y otra bajista y rubia, y se echan al cuello del individuo y se lo comen a besos y lo abrazan excitadas. A mí me pilla de improviso y les digo, ¿y a mi que?, yo también quiero. La morena ni ...