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La ventana
Fecha: 21/11/2021, Categorías: Confesiones Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... me mira, la rubita me dice, ya calmada, es que él es de Londres y ha venido hoy después de mucho tiempo. Y yo le digo, pues yo también, las dos últimas semanas las he pasado en Londres, yo también me merezco un abrazo. La niña se colgó a mi cuello, y yo la abrazaba y besaba donde podía, y quizás las manos se movieron de la cintura a otro sitio y ella se echó atrás. Me miró extrañada, y yo recobré mi compostura de hombre de bien y le di las gracias por el abrazo, lo necesitaba, le dije, hoy ha sido un día terrible. Me miró con sus ojos brillantitos, y su boca húmeda entreabierta, y me dieron ganas de comérmela viva y dejar las presentaciones para otro día. Se fue a una reunión en la barra, a unos cuatro metros de ni. Eran dos parejas, ella escuchaba a un novio decir cosas importantes, pero tenía la mirada perdida en mi dirección. Tampoco sabía si me miraba a mi. Pedí otra cerveza y la miraba de vez en cuando por el espejo de la barra, sólo con verla imaginaba mil cosas, pero dejaba el tiempo pasar. El grupito se deshizo momentáneamente, y ella aprovechó para venir a mi lado . Algo pasaba en su cabeza ¿quien eres?, me preguntó, alguien que necesita conocerte, que siente que ha encontrado alguien muy especial. Yo soy enfermera, me dijo, trabajo en tal sitio y se me acaba el contrato. Y yo rengo debilidad por las enfermeras y por las mujeres con perros negros. Son personas que encuentran belleza donde no la hay. Me gustaba y eso se notaba. Nunca digo mi profesión, pero me ...
... la sacó, también ella se sorprendió; le dije que tenia un piso cerca y que otro día podría seguir escuchando las desventuras del novio. No puedo, me dijo, y a todo esto sólo había pasado un minuto. Yo la agarraba por la cintura y procuraba pegárnela lo más posible. Nunca llevo calzoncillos y quería que notara el amor que se me estaba acumulando debajo del pantalón. Se fue otra vez, pero ahora era distinto, yo ya solo pensaba en la ventana. Tenía que saber si se abriría la ventana. Hacía muchos años que no me asomaba a ninguna, no porque no las viera abiertas, sino porque a mí mismo me parecía que no me merecía la pena jugármelo todo a una carta . Pero hoy no pensaba en otra cosa. Al rato se dirigió al baño, a mí también me hacia falta. El baño estaba franqueado por una puerta cortafuegos, de esas que son obligadas en Londres, y en un descansillo la puerta de las mujeres enfrente de la de los hombres. Ella entró, cerró sin portazo, entré yo a mi baño, y mientras meaba se me iba poniendo tiesa, tanto que ya no la podía sacudir sin mojarme la cara. La meto en los pantalones y me digo que es el momento, si algo sale mal puedo decir que me he equivocado. Abrí su puerta, no le había puesto el pestillo, estaba sentada en la taza mientras doblaba el papel para limpiarse el coño. Me miró, yo eché el pestillo y me acerqué con la mano en la bragueta. Si me hubiese dicho no, vete, o let me alone, o algo parecido, me hubiera disculpado y hubiera salido pitando. Pero me dijo las frases ...