1. La excusa perfecta


    Fecha: 26/12/2021, Categorías: Confesiones Autor: Tuca, Fuente: CuentoRelatos

    Bueno, no sé si mi mamá se hacía la tonta o me creía demasiado correcta, pero nuevamente no se dio por enterada de nada y para mi mejor, pues así me evitaba preguntas incisivas y miradas inquisitivas.
    
    Entre risas y conversaciones sale de tema que en el campo había un problema de distribución de agua y bla bla y justo Alonso era experto en esa área y se ofreció para solucionar esto de una manera efectiva, sin embargo, tendría que ser en una semana más pues tenía cosas que terminar.
    
    Yo feliz, ese trabajo le significaría estar al menos una semana completa en mi casa y eso era sinónimo de sexo todos los días, así es que fue fantástico, es más, mi mamá se acordó que había otros 3 o 4 campos que tenían el mismo problema, por lo que me puse alerta y empecé a buscar alternativas para ir a hablar con los dueños y ofrecerles el servicio.
    
    Y así se fue Alonso a zanjar sus asuntos y volvería el fin de semana siguiente.
    
    En el campo tenía que relacionarme con los trabajadores de manera cotidiana, algunos llevaban trabajando años ahí, de hecho, había casi toda una familia haciendo las labores, 3 hermanos que me vieron crecer, los estimaba mucho, eran muy cariñosos, respetuosos y atentos, así mismo, algunas de sus esposas y sus hijos también desarrollaban algunas labores. Uno de ellos era Carlos “Largo”, así le decían, crecimos juntos y de vez en cuando hablábamos, jamás sentí que me mirara de alguna manera lasciva o algo parecido, porque él y tooodos los jóvenes del sector ...
    ... babeaban por mi prima que iba algunas veces en el año.
    
    Esa semana para mí fue exquisita, me sentía distinta, de alguna manera notaba que algunos trabajadores me miraban diferente, de hecho Sandra me miraba y se reía, me levantaba las cejas y me hacía gestos, asumiendo que algo sospechaba, a esas alturas ya no me importaba, incluso un día me atreví a preguntarle si tenía pololo y me contó que “andaba” con alguien y sin que yo indagara más, continuó contándome que se acostaba con él y que lo pasaba muy bien, yo la miré sin decir nada, excepto sonrojarme y me dijo – Pero usted que va a saber de esas cosas, o no? – y soltó una carcajada. Me moría por contarle a alguien lo que había experimentado, pero no podía y no tenía con quien hablar.
    
    Me empecé a masturbar con más frecuencia cada día, al menos 3 veces, y en la noche unas cuantas más, sentía que la vulva me latía y me llegaba a doler por la necesidad de sexo, de sentir orgasmos y trataba de buscar la calma. Miraba cosas que se asemejaran a un pene para masturbarme con ellas y sentía que llegaba al clímax, pero no con la intensidad que deseaba.
    
    Hubo un día que amanecí demasiado caliente, tanto que mis pezones estaban erectos y se notaban con la polera ajustada que andaba trayendo y quise probar si alguien se daría cuenta. Fui como cada día a los establos y ahí estaban algunos de los trabajadores, entre ellos algunos con los que crecí y eran como de mi edad, nada de mal parecidos. Quería probarme a mi misma si era capaz de ...
«123»