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El chochito de papá
Fecha: 08/01/2022, Categorías: Incesto Autor: Kiko, Fuente: CuentoRelatos
Sonia estaba bajo la ducha. El agua caía sobre su largo cabello negro, bajaba por su espalda, por su culo duro y respingón, por sus grandes tetas, por su coño, en el que empezaban a ver las raíces de los pelos, por sus largas piernas y se iba por el desagüe mientras ella con su mano izquierda metía y sacaba de su culo un pequeño consolador y con los dedos de la derecha acariciaba su clítoris. En su imaginación estaba en un jardín, rodeada de rosas rojas y bajo la lluvia, su padre, que era su inspiración, estaba detrás de ella besando su cuello, magreado sus tetas y follando su culo. Eusebio, el padre de Sonia, entró en el chalet. Llegó al salón y le pareció oír algo así cómo gemidos. Cómo su hija estaba en Londres de vacaciones y su mujer en París con su machacante, se dijo a sí mismo: -Estás obsesionado con el sexo, Eusebio. Cuando se iba a quitar la chaqueta de su traje gris, oyó decir: -¡Me corro en tu polla! Eusebio, un hombre de 46 años, alto, moreno, atractivo y juez de profesión, ya no acabó de quitar la chaqueta del traje, dio media vuelta y volvió a salir del chalet. Subió en su Mercedes E Q A y condujo media hora hasta llegar a su lugar favorito, una tranquila cala que estaba en otra ciudad. Allí aparcó el auto a unos cincuenta metros de la arena y sin salir de él se puso a mirar cómo jugaba con su bichón maltés una joven alta, delgada, morena, con coletas y en biquini que tendría la edad de su hija. La muchacha lanzaba un disco de plástico y el ...
... perro y ella salían corriendo para ver quien lo cogía, obviamente lo cogía siempre el perro, se lo devolvía y volvía a lanzarlo. A la muchacha al correr sobre la arena no se le movían las tetas ni las nalgas, las debía tener duras cómo piedras. Eusebio hizo lo que nunca haría si no hubiera oído los gemidos de su hija al correrse, sacó la polla y mirando para la joven de la cala comenzó a menearla. Al rato la muchacha se percató de que la estaba mirando y fue lanzando el disco con dirección al Mercedes. Cada vez que se acercaba veía con más claridad que el brazo del hombre se movía. Acabó lanzando el disco al lado del Mercedes. Eusebio al ver a la joven venir hacia el auto dejó de menearla, pero no la guardó por si caía algo. La muchacha tenía que saciar su curiosidad, acercó la cabeza a la ventanilla, miró y vio que Eusebio tenía la polla en la mano. A la joven se le escapó una sonrisa y después le preguntó: -¿No te da vergüenza hacer una paja a tu edad? Eusebio bajó el cristal de la ventanilla y le respondió: -Al ver una chica tan bella como tú, no. Cómo si no estuviera cansada de saber que la paja la hacía a su salud, le preguntó: -¿¡La estabas haciendo por mi culpa?! -¿Hay alguien más en la playa? -Panchito. Panchito tenía que ser el perro, Eusebio le dijo: -No me va la zoofilia. -Ya que soy la causante me gustaría ver cómo te sale la leche. Eusebio miró para la muchacha, era preciosa, tenía los ojos azules, el cabello pelirrojo, los labios ...