1. La historia de Ángel, solo era un muchacho (39)


    Fecha: 25/01/2022, Categorías: Gays Autor: Albany, Fuente: CuentoRelatos

    El beso se prolongó, y aunque al principio era salvaje lo fue cambiando a tiernas caricias de su lengua sobre la mía, buscándola por abajo y por arriba para lamerla lentamente.
    
    No deseaba entregarme a sus deseos pero notaba que cada momento que pasaba me gustaba más su beso, por otro lado no dejaba de pensar en sus palabras, donde insinuaba que él mismo y sus hermanos tenían sexo con Irina, con su misma hermana, la dulce, hermosa e inocente Irina.
    
    ¿Podría haber tenido ocasión de hacerlo también con Álvaro? ¿Le habría subyugado al punto de meterle en su cama? Ya dudaba de todo y no confiaba en nadie.
    
    -Pensaba que eras más joven que ella. -no sabía como distraerle y a cada minuto me iba venciendo el deseo.
    
    -En realidad solamente la gane por tres minutos, somos gemelos y muy unidos en todo.
    
    El muchacho me había soltado la sujeción de click de los tirantes que llevaba como adorno y su mano libre tiraba de mis pantalones para bajarlos.
    
    -Robert pórtate bien, déjame o empiezo a gritar. -dejó sueltos los pantalones que los llevaba ya por las rodillas y colocó la mano en mi boca tapándomela, sin hacer fuerza, era simplemente un aviso de que estaba dispuesto a hacerlo forzándome si era preciso, y su mensaje me llegó sin que utilizara palabras.
    
    -¡Por favor! Por lo menos deja que me quite la ropa, me la vas a romper. -de alguna forma sabía que había cedido a sus deseos, me soltó ayudándome a quitarme los zapatos y el pantalón, entonces me sujetó por el slip ...
    ... subiéndolo y enterrándolo entre mis nalgas, lo sentía apretado en el ano y me hacía daño en los huevos.
    
    Me mantenía de espaldas a él y tenía que sujetarme en la madera de la pared para mantener el equilibrio, de puntillas sobre los dedos de los pies. Me subió la camisa y puso los labios sobre la columna pasándolos de arriba a bajo besándome las vértebras.
    
    Apoyé la cabeza en la pared esperando lo inevitable, dejó de besarme manteniéndome cogido con un brazo por el vientre y con la otra mano se quitaba los pantalones, y cuando quedó desnudo de medio cuerpo se pegó a mi, su pene ya duro se me clavó entre las nalgas.
    
    Lo notaba que era grande, enorme como el de Pablo.
    
    -¡Abrete ya! -hacía presión con sus piernas queriendo colocarse entre las mías, a la vez empujaba mi espalda para que me inclinara y sacara el culo, no creía que un chico tan joven y delgado tuviera tanta fuerza, su cuerpo parecía hecho de acero y le sentía tensarse como un arco a mi espalda, inclinándose para buscar mi ano con la punta de la verga.
    
    Sabía que me haría daño al no estar preparado, y que mi culo se resistiría a que entrara sin tenerlo dilatado y sin lubricación, pero tampoco podía detenerle, rugía deseoso en mi espalda mordiéndola, nervioso al no localizar el hueco donde entrara su verga, como un perro rabioso al encontrar dificultades para montar a su perra.
    
    Para evitar males mayores saqué más el culo, buscando yo también el encuentro para acoplarnos y que mi ano quedara pegado a la cabeza de ...
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