1. La historia de Ángel, solo era un muchacho (39)


    Fecha: 25/01/2022, Categorías: Gays Autor: Albany, Fuente: CuentoRelatos

    ... mi verga, sabía que la gozabas, que necesitabas un auténtico macho para domarte y no los amariconados y finos hombres que te follaban.
    
    Se había bajado el pantalón y por la pernera del slip se sacó la dura verga y los huevos empezando a estrujarlos.
    
    -Me chuparas la polla como tu sabes, con la boquita más linda que he visto en mi vida, y te comerás la leche que te de. -se masturbaba la dura polla elevada y dura, mirando con su único ojo de cíclope el techo desconchado de la habitación, y por él le salía el flujo de su placer como gotas de lágrimas resbalando por su mano grande y ennegrecida.
    
    Dejó de retorcerse el pezón y bajó la mano por la dureza de su abdomen hasta llegar a los huevos para apretarlos contra el duro madero de su rabo sin dejar de pajearse.
    
    Sus movimientos se volvieron convulsos, frenéticos, moviendo el cuerpo mientras la cama crujía, y su mano bajaba y subía la piel del grande y negro cipote hasta que abrió la boca para dejar escapar un grito que acalló con el dorso de la mano.
    
    -¡Ahhh! ¡Ohhhh! mariconcito hermoso, ...
    ... te deseo, sigo queriendo tenerte. -el orgasmo le sacudió largamente y el semen salía virulento de su pene encharcándole el pecho y el duro y marcado vientre.
    
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    Cuando llegamos a la hacienda eran más de las cuatro de la madrugada, las únicas luces encendidas eran las de las calles empedradas, donde vivían los pocos empleados y sus familias que no había marchado al pueblo cercano. Las lámparas del porche delantero estaban encendidas, con una luz que me parecía mortecina y fantasmal alumbrando las sombras de los arboles y plantas del jardín. La luna estaba cubierta por negros nubarrones, anunciadores de una próxima tormenta que devolvería la nieve a los campos.
    
    Nos recibió el calor de la casa y pasamos por la cocina para tomar un vaso de leche antes de subir a descansar. No tardamos en quedarnos dormidos, después de lavarnos la boca yo me había puesto un pijama de pata larga y Álvaro, más perezoso, se había quedado en slip, me abrazó pegándose a mi espalda y me beso tiernamente en el cuello.
    
    -Buenas noches precioso…
    
    Seguirá… 
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