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La catequista madura
Fecha: 05/02/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: subtitulados, Fuente: CuentoRelatos
Ella tenía como cuarenta y tantos casi pegándole a los cincuenta, su cabello mostraba algunas canas, pero fuera de estar acabada tenía una silueta fenomenal. Su nombre es Norma y era la catequista de la iglesia de la colonia, una mujer blanca, de ojos café claro, unas tetas enormes que siempre cubría con su reboso, pero si la mirabas fijo te dabas cuenta de su tamaño, los domingos cuando iba a misa acostumbraba a vestirse de medias negras y falda un poco abajo de la rodilla, pero entallada, que marcaba sus piernas carnosas y sus nalgas grades. Ella había quedado viuda hace 5 años, su marido fue un camionero que creo la maltrataba por eso ella estaba casada con la iglesia desde hace años. Yo los sábados en la mañana iba a la iglesia no a rezar, solo para ver su clase con tal de verla, me encantaba ver sus pantorrillas con esas medias de seda negras o color carne, sus faldas que marcaban sus nalgas, sus blusas escotadas que escondía, con sus rebosos, me hice miles de pajas en su honor. J: ¡Hola señora buenos días! N: Hola chico, ¡buen día! Era en ese entonces lo único que se me ocurrió decir, así que así me la pasaba yendo los sábados a la iglesia solo para darme mi taco de ojo ya que muchos hombres habían intentado comérsela y en el intento habían caído, era notorio que un escuincle de 22 años tendría el mismo resultado. Una tarde de diciembre, antes de las festividades que celebran en la iglesia, ella estaba acomodando unas cajas, el show era ...
... fenomenal, verla agacharse y ver su tremendo tarsero me la puso dura, vi que le costaba trabajo cargarlas así que como pude me moví y me ofrecí a ayudarle. J: ¡Déjeme hacer eso por usted! N: ¡Oh, que amable, muchas gracias! J: ¡Si, no debería esforzarse tanto con esto! N: Lo hago por gusto, ¡así como tú que vienes todos los sábados a oír mi clase! J: Jajá, si, ¡es muy interesante como usted nos adentra más en esto! Era lógico que no le iba a decir que iba solo a verle las nalgas, así que quise me creyera un pan de dios. Termine de ayudarle y no podía más con mi erección, ella con su sonrisa angelical me agradeció y como gratitud me dijo que tenía unos libros para jóvenes, que si los quería, solo que estaban en su casa, al oír eso sin dudar le dije que sí, entonces ella me dijo que fuera a su casa con una mochila ya que eran bastantes, yo solo le decía que si a todo, me dio su dirección, aunque yo sabía dónde vivía y me dijo que fuera a las 4 de la tarde. Llegue como dos minutos antes, toque la puerta con ansias, ella tardo unos minutos en abrir, no sabía cuál era su demora, pensé que no estaba y casi a punto de irme, abrió la puerta. N: ¡Hola, perdón por la tardanza, me agarraste ocupada! J: ¡No se preocupe señora, no pasa na…! Me quede mudo al verla, ella traía una bata que apenas si cubría sus nalgas y sus tetas, sus medias color blanco y alcanzaba a ver sus ligeros que se las sostenías, se veía espectacular, ella ni se inmutó y me invitó a pasar, ...