1. Natali, mi princesiña


    Fecha: 10/02/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: RAL80, Fuente: CuentoRelatos

    Después de varios días chateando, de forma muy caliente, con una niña de dieciocho añitos mi esposa se acabó enterando. Acto seguido me pidió el divorcio y aún peor... no me dejaba ver a nuestra hija. Menos mal que no trascendió al instituto en el que yo daba clases.
    
    A Natali la olvidé rápido, pero tras varios meses intentando reparar mi matrimonio vi que era una tarea imposible, así que aprovechando el cambio de curso decidí irme lejos y empezar de nuevo.
    
    Yo soy del norte de España y me fui al sur, lo más lejos que pude. Me habían dado plaza en un instituto de un pueblo pequeño donde quería estar tranquilo.
    
    Me trasladé a mediados de verano, para instalarme tranquilo. Todo parecía ir bien hasta que fui a comprar comida y me pareció ver a Natali, pero... era imposible!!! Si de verdad existía no podía estar allí. Me dijo que era de México y sus palabras eran típicas de allí. Creí alucinar, tal vez era aquel calor del sur.
    
    Después de un par de días dando vueltas al asunto determiné que era imposible, una casualidad que aquella chica se pareciera a Natali.
    
    Estuve tranquilo el resto del verano hasta empezar el curso. EI primer día llegué tarde y mis alumnos ya estaban en clase. Eran de bachillerato y un tanto bravucones. Cuando entré estaban haciendo un concurso de pulsos, pero al ser yo nuevo se sentaron rápidamente. Empecé a pasar lista y llegué a una tal Natalia y en ese momento me dio un vuelco el corazón pues era Natali... mi princesiña la llamaba yo en el ...
    ... chat. Ella estaba muy tranquila, pues no conocía mi cara, pero yo no sabía que hacer pues la angustia me paralizó. Les pedí que hicieran unos kahoot que me servirían para determinar su nivel. El resto de la clase me la pasé mirándola, era tan bonita como en las fotos que me enviaba.
    
    Me fui a casa con un nudo en el estómago. No sabía qué hacer. Pensé hasta en renunciar a mí plaza. Pero llamé al centro y dije tener síntomas del covid para ganar un poco de tiempo.
    
    Ésta argucia no me salió muy bien, pues con el test de antígenos me dijeron, casi inmediatamente, que no tenía el virus, así que tuve que ir a dar clases.
    
    Poco a poco fui templando mis nervios y controlando el torbellino de sentimientos que me invadía. Los días se sucedían y todo parecía ir bien pero verla cada día y no poder decir quién era me llevaba a los infiernos.
    
    Después de un mes la vi por la calle, caminando con otras dos chicas, y sin pensar dije "hola princesiña". Ella se paró en seco, se giró y al verme me saludó con la mano. Continuó caminando pero se giró a mirarme dos o tres veces y dejó de charlar con sus amigas.
    
    Cuando llegué a casa tenía un correo electrónico, en el portal de educación, en el que sus padres solicitaban una tutoría conmigo y respondí que me dijeran una hora para realizar un videochat, pero en pocos minutos respondieron que exigían una tutoría presencial o se verían obligados a hablar con el jefe de estudios. Después de pensarlo no me quedó más remedio que acceder. Rápidamente ...
«123»