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Me asaltaron en mi propia cama
Fecha: 13/02/2022, Categorías: Confesiones Autor: femerba, Fuente: CuentoRelatos
Serían como las 02:00 am, en la noche de año nuevo, cuando sentí que alguien entró en mi cama. Sin decir nada, María Edilma, que así se llama, simplemente se montó sobre mí, levantó su blusa y dirigió mis manos hacia sus nalgas, comprobando que estaban desnudas debajo de su corta falda. Su cuerpo se sentía cálido y ella, sin demora, me besó con inusitada pasión. Todo había empezado unos meses atrás. Ella era una muchacha joven, casi de mí misma edad, que vivía con nosotros y ayudaba con los oficios de la casa. Cuando mis amigos estudiantes iban a visitarme, no teníamos inconveniente en permitir que ella pasara tiempo con nosotros. Entre tarea y tarea, ella preguntaba sobre una cosa y otra, y a veces participaba con nosotros en juegos inocentes que nos inventábamos para pasar el tiempo. Una tarde me visitó Álvaro, un compañero de estudios muy cercano. Entre juego y juego nuestros cuerpos, se rozaban y estaban muy próximos, pero aquello no pasaba de ser juegos de muchachos. Acompañé a Álvaro a coger el bus de regreso a su casa. Poco antes de despedirse me dijo, usted le gusta a esa hembra y ella lo está buscando; aproveche. ¿De verdad? le dije yo. Y ¿qué hago? Ella lo va a buscar, dijo él. Cuando lo haga, aproveche y bésela. Y espere a ver qué pasa. Todo el trayecto de regreso a casa me fui pensando en lo que mi compañero me había dicho. ¿Cómo se había dado cuenta de eso? ¿Cómo se percató que ella me buscaba? ¿Para qué? Al llegar a casa, volví a acomodarme en la ...
... mesa del comedor, donde hacía algunos instantes estábamos haciendo las tareas. No pasó mucho tiempo cuando Edilma apareció en escena y me preguntó si ya había terminado las tareas. Le dije que sí, que iba a revisar que no me faltara nada y que todo estaba al día. Y, en ese momento, ella empezó a jugar, a tratar de hacerme cosquillas. Y yo, a no dejarme. Algo parecido habíamos hecho cuando Álvaro estuvo con nosotros, pero ahora estábamos solos, ella y yo. En medio de nuestra refriega, ella tratando de manosearme y yo a no dejarme, recordé lo que dijo mi amigo y, en algún momento, simplemente la besé. Ella no se resistió. Es más, ceo que lo estaba esperando. Nuestras lenguas se rozaron una y otra vez mientras nos abrazábamos. Hasta ese momento se me había ocurrido ver a Edilma de otra manera. Ese beso disparó todas mis sensaciones y los latidos de mi corazón se aceleraron a mil, despertando aún más el instinto. Ella era toda una hembra y me gustaba lo que estaba pasando, así que deslicé mis manos por debajo de su blusa y toqué sus abultados senos. Ella, en algún momento se detuvo y preguntó, su amigo lo aconsejó, ¿cierto? ¿Tendría que hacerlo?, le respondí. Usted hace rato me busca y me nació besarla. ¿Hay algo malo en eso? Respondió besándome otra vez, con intensidad, permitiendo que yo siguiera acariciando sus senos por debajo de su blusa. De repente se apartó y se desabrochó la blusa, exponiendo sus senos para que me quedara más fácil acariciarlos. Y no solo eso. Era la ...