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Me asaltaron en mi propia cama
Fecha: 13/02/2022, Categorías: Confesiones Autor: femerba, Fuente: CuentoRelatos
... día, varias veces me había invitado para que la visitara en su habitación, cuando todos durmieran, pero yo nunca lo hice. Así que, aquel día, una vez culminaron las celebraciones y despedimos el año viejo. Edilma irrumpió en mi habitación y se coló en mi cama una vez segura que nadie estuviera despierto. Aquello me tomó por sorpresa y nuevamente sentí miedo, porque en aquella habitación no sólo dormía yo sino también mis hermanos menores, pero a ella eso no le importó. Así que, llegados a ese punto, no la rechacé. Nos besamos como siempre y ella, ansiosa, dirigió mis manos para que le acariciara sus nalgas desnudas y muy pronto estuvimos desnudos los dos, fundiendo nuestros cuerpos abrazo tras abrazo. Mi pene estaba erecto y ella, sobre mí, no demoró en disponerse para que nos acopláramos y dejar que mi miembro penetrara su húmeda vagina. Sentí un calorcito agradable mientras entraba en aquella mujer. Su vagina parecía succionar mi sexo, porque sentía que algo me apretaba y se deslizaba arriba y abajo. Ella se movía, primero lentamente, suavecito, mientras nos seguíamos besando y acariciando, pero poco a poco empezó a mover su cadera de lado a lado, de arriba abajo y, en algún momento, sentí que su cuerpo hacía todo un círculo sobre mi pene. Se sentía rico. Nuestros cuerpos estaban sudando debajo de las cobijas y ella no quería separarse de mí, para nada. Seguíamos unidos en un interminable beso. Ella se movía a intervalos y yo seguía con mi pene erecto, aun ...
... dentro de ella, pero todavía no había eyaculado. Yo estaba cómodo en aquella situación y no quería que acabara. Al tacto su piel se sentía suave y noté como la textura de la piel de sus piernas cambió; se puso como piel de gallina. Edilma empezó a gemir, bajito, como un suspiro y, en nuestros escarceos y caricias, llegamos a colocarnos lado a lado. Mi pene se salió de su vagina, así que para volver a estar dentro de ella, ahora fui yo quien la monté y volví a penetrarla nuevamente. Ella abrió las piernas en toda su extensión y emitió un tímido quejido de placer que me excitó y me llevó a empujar dentro de ella con más intensidad y más rápido, y cuando ella volvió a gemir, eyaculé irremediablemente. Ese susurro de su voz, pidiendo que no parara, disparó la reacción en mí. Nos quedamos abrazados, no sé cuánto tiempo. Creo que dormimos un rato. Pero una vez recuperados, volvimos a la carga. Ella y yo estábamos a gusto y queríamos más. Todavía recuerdo la sensación que su piel despertaba en mí cuando la acariciaba y la excitación tan grande cuando ella tomaba mi miembro entre sus manos. Aquello fue grandioso, pero ella, una vez satisfecha su curiosidad, me dejó allí y volvió a su cuarto. Había cumplido su promesa. Si yo no tomaba la iniciativa, ella si lo haría. Y agradezco mucho que lo haya hecho, porque aún hoy sigue vivo en mí el recuerdo de ese momento. Y así fue como me iniciaron en la vida sexual. Un poco resistido, pero valió la pena, gracias a María Edilma.