1. Placeres peligrosos (II)


    Fecha: 20/02/2022, Categorías: Infidelidad Autor: Berni, Fuente: CuentoRelatos

    ... visita médica para atender la Tablet.
    
    —Siento todo lo que pasó. Aquello fue un error, —se disculpó el paciente, pero antes de que pudiese continuar, Cristina le hizo callar con un convincente gesto que no daba lugar a réplica, se dio la vuelta y desapareció por la puerta.
    
    Cristina terminó su guardia a las ocho de la mañana y salió por la puerta principal a las ocho y cuarto. Aunque la noche había sido tranquila, no había tenido un sueño lo suficientemente reparador. Quería llegar a casa y acostarse un rato aun a sabiendas que dormiría a intervalos. Al bajar las escaleras de la entrada Julián estaba esperándola.
    
    —¡No te acerques a mí! —le advirtió ella.
    
    —¡Espera! No temas. Sólo quiero disculparme por lo que hicimos. No estuvo bien y entiendo lo mal que lo tuviste que pasar. No puedo hablar por los dos. Sólo sé que desde aquel día me siento como una mierda. No merezco que me curases hoy, lo sé, pero lo agradezco porque así he tenido la oportunidad de pedirte perdón, aunque no lo merezca.
    
    —Fuisteis unos hijos de puta.
    
    —Lo sé. Nos dejamos llevar por la euforia y nunca debimos haberlo hecho. No hay un solo día que pase que no me arrepienta…
    
    —Bueno. ¡Déjalo ya! ¿Vale? Yo estoy intentando olvidarlo desde que pasó.
    
    —Sólo si me dejas reparar el daño que te hice.
    
    —¿Cómo vas a hacer eso?
    
    —No lo sé, y me gustaría que hubiese un modo.
    
    —No lo hay ¡Déjalo! Agradezco tus intenciones. No creo que seas un mal tío, aunque no puedo decir lo mismo de tu amigo, ...
    ... —aseveró.
    
    —Gracias por pensarlo. ¡Déjame invitarte!
    
    —No es una buena idea.
    
    —Insisto.
    
    —Lo siento. Estoy agotada. Necesito dormir.
    
    —¿Otro día, quizás?
    
    —Estoy casada, aunque eso creo que ya lo sabes.
    
    —Sí, lo sé, yo también lo estoy, pero ambos sabemos que eso no es un inconveniente.
    
    —No me interesa follar, ¿lo entiendes?
    
    —Totalmente. ¿Un café te parece bien?
    
    —No me gusta confraternizar con los tíos con los que me acuesto, y mucho menos con los que me violan.
    
    —Entonces, ¿sólo puedo aspirar a follar?
    
    —Eso se acabó.
    
    —¡Déjame invitarte! Sólo un café. No volveré a molestarte.
    
    —Está bien. A la noche sobre las diez.
    
    —Hecho. ¿Aquí mismo?
    
    —Sí.
    
    Por primera vez en tres semanas logró dormir más de cuatro horas seguidas después de reclamar las atenciones de su esposo. Unas atenciones que su cuerpo no le había exigido porque había estado odiándose a sí misma, pero sobre todo, a aquellos dos cafres.
    
    En un primer momento no contemplaba el perdón para ninguno de ellos, pero percibía que Julián no era mala persona después de todo, de lo contrario, no se hubiese disculpado, ni hubiese insistido en desear su perdón. Se hubiese largado y punto, y quedaba claro que para él era importante recibir su absolución.
    
    De camino a casa volvió a rememorar la primera parte de aquella aciaga noche y tuvo que reconocer que fue el mejor sexo de su vida, hasta que la noche se torció y pasó a ser una pesadilla. Ahora, aplacada su ira y apaciguado su espíritu, ...
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