-
Placeres peligrosos (II)
Fecha: 20/02/2022, Categorías: Infidelidad Autor: Berni, Fuente: CuentoRelatos
... qué lo preguntas? —Porque no es normal ver a una mujer casada a esas horas de la noche tomando una copa a solas. —¿Has venido a juzgarme? —No. Lo siento. No pretendía ofenderte. —Había salido a echar un polvo, pero eso ya lo sabes. Estoy bien con mi marido, pero ese día necesitaba evadirme. ¿Qué tiene de malo? —Nada. Te admiro por ello. —¿Y qué me dices de ti? —No es mi caso. Se presentó la oportunidad y la aproveché porque nadie en su sano juicio habría desperdiciado la ocasión de estar con una mujer como tú. —Tienes un amigo muy cabrón. —Lo sé. Desde aquella noche no hemos hablado mucho. No comparto sus métodos y me molestó enormemente que te tratara de aquel modo. —¿Y por qué no impediste que terminara de aquel modo? Para mí fue algo extraordinario, y podría haber formado parte de uno de los momentos más sobresalientes de mi vida, pero la noche dio un giro muy brusco pasando del placer y de la tolerancia a la humillación. Podríamos haber disfrutado los tres respetándonos, de eso se trataba, al menos eso creía, pero al parecer, tu amigo no compartía el mismo criterio. Él necesitaba humillarme para sentirse más hombre. Convertisteis lo que podría haber sido un día especial e inolvidable en algo horrible y detestable. —Y lo lamentaré el resto de mis días, ¡créeme! Eres una mujer maravillosa. Debería haberle partido la cara… —Sin embargo, fuiste tú quien lo empezó. No quisiste parar cuando te lo dije. No podía más y te lo advertí ...
... muchas veces, pero nadie me escuchó, ¿recuerdas? —No me hagas sentir mal. —¿Y tú me lo dices? —Creo que no ha sido una buena idea esto, —dijo levantándose. —¡Espera! —le espetó. —Merezco el derecho a exteriorizar lo que sentí. No he podido hacerlo con nadie hasta ahora, y ¿quién mejor que tú para hacerlo? —Está bien. Tienes razón. Merezco que descargues tu ira en mí. Es lo menos que puedo hacer por ti, —respondió mientras volvía a sentarse. —¿Quieres follar? —le preguntó a bocajarro mientras su mano se posaba en la entrepierna por debajo de la mesa. —Pensaba que… —¿Quieres follar o no? —Sí, —balbuceó mientras ella le miraba fijamente presionando el montículo que crecía en su mano, alcanzando en segundos la dureza de una piedra. Cristina presionaba su hinchazón como si quisiera masturbarle a través del pantalón, entretanto Julián se dejaba hacer ante la iniciativa inesperada de la doctora que tan apenada parecía hacía unos instantes. —Tienes una gran polla, ¿te lo ha dicho tu mujer alguna vez? —Sí, —respondió con un sonido apenas audible. —No me extraña. Menudo pedazo de rabo tienes, —aseguró deslizando la lengua por su labio superior. Estaban en una mesa apartada y eso les proporcionaba cierta intimidad y una mayor discreción. Unas mesas más allá había otros clientes desayunando, pero no se percataban de lo que ocurría debajo de la mesa. Dos camareros transitaban por la sala sirviendo a los clientes, ajenos también a la pareja del ...