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Con mi medio sobrina
Fecha: 26/02/2022, Categorías: Incesto Autor: Webon52, Fuente: CuentoRelatos
Esta es una historia que me ocurrió hace algunos años, con una media sobrina; en realidad ella es hija de una prima hermana mía, pero desde siempre me llamó tío, ya que para ella y su hermano, soy más tío que los hermanos de sus padres. Siempre estábamos en su casa, ya que somos muy compinches con su madre y padre. Su hermano estaba más encariñado con la por entonces mi novia y hoy mi esposa, pero ella se desvivía por estar conmigo. Desde pequeña siempre que llegábamos a su casa se me arrojaba en brazos a besuquearme y jugar conmigo. Cuando yo estaba sentado, su sitio habitual era sobre mis rodillas. Claro está que los niños crecen y después de un par de años de estar ausentes de mi ciudad natal, volví de visita y cuando llegué a casa de mi prima, me encontré con que los chicos ya no eran tan chicos, sino que, en especial la niña, a quién llamare P, se había convertido en una hermosa mujer, que con 18 años, lucía un cuerpazo estupendo. De cara siempre fue bellísima, rubia de cabello largo y lacio, ojazos verdes sumamente expresivos, labios ahora muy sensuales, carnosos y húmedos. En su crecimiento y explosión hormonal había desarrollado un par de senos verdaderamente deseables, de una talla más o menos del 95, firmes y bien levantados, como su madre (que todavía estaba de muy buen ver). Seguía manteniendo su esbeltez, con una cinturita muy fina, caderas bien marcadas y fuertes, un trasero hermosamente redondeado (que antes casi no tenía, pero merced a muchas horas de ...
... gimnasio, había desarrollado para alegría de mis ojos) y respingón; cualidad esta última que se había realzado con el tiempo. Remataba con unas piernas larguísimas que lucían por debajo de su falda, siempre mini, muy bien delineadas y que dejaban adivinar unos muslos redondeados, musculosos, y fuertes que ponían el broche de oro a ese cuerpo fenomenal. Total que ni bien me senté buscó su sitio en mis rodillas. Claro que ya no era aquella chiquilla sino una hembra que rebosaba hormonas por todos los poros, y yo sentía el calor de sus nalgas redondeadas sobre mis muslos y cuando me rodeó el cuello con su brazo casi me estampa una teta sobre la cara. Demás está decir que se me puso la verga como un potro desbocado pidiendo salir de su encierro. Me pareció que ella lo notó, porque abrió sus ojos desmesuradamente, luego esbozó una tímida sonrisa y se acomodó con su raja posterior justo sobre mi erección, disimuladamente para que su madre no lo notara. Esta le dijo “P, ya estás grandecita para que el tío aguante tu peso, me parece, no?”. “Déjala -dije yo- si no pasa nada, no pesa tanto”. “Ay, mami, que pesada eres”, dijo P. Pero se levantó a buscar unas bebidas, y se alejó contoneando sus caderas; y yo aprovechando la distracción de mi prima, me acomodé para que no se notara la erección brutal que tenía. La cuestión es que estuvimos charlando un rato con mi prima y luego, cuando P volvió al salón me miró con ojitos, que me parecieron libidinosos, pero se sentó frente a mí ...