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Mi mejor amigo y el sabor a sangría
Fecha: 26/02/2022, Categorías: Gays Autor: facungay, Fuente: RelatosEróticos
... cortar en trozos. Cuanbdo el botones golpeó a la puerta ya casi habíamos terminado y los trozos se enbebían ya en el maravilloso vino tinto dentro de una jarra. El hielo dio el toque final. Cuando mi amigo echó a andar una espléndida selección de smooth jazz en su tablet era claro que estaba precisando una pausa en la revisión de los brief publicitarios. La música nos invadía y la lluvia incrementaba su repiquetear sobre los cristales, casi como mi corazón acelerada su galope. La sangría, el jazz sugerente y sensual, todo iba transformando la atmósfera, cargándola de exitación y tensión. La sangría estaba helada realmente, pero su efecto luego de ir acabándola poco a poco no hzo más que subir la temperatura corporal. Yo desabroché mi camisa hasta mi vientre, pero mi amigo no dudó un instante en quitársela por completo y arrojarla sobre el escritorio. Toda mi masculinidad en mi entrepierna comenzó a hacerse notar, mientras la sobriedad me embargó de repente para poder disfrutar aquel momento en todo su esplendor. Su torso desnudo combinado con la luz juguetona manchada de lluvia que entraba por la ventana y los recurrentes relámpagos eran una fiesta para los ojos, un improvisado streep tease que me colmaba de placer. Cuando lo vi semidesnudo no dudé en quitarme yo también la camisa y aproveché poara volver a llenar su vaso con la frutal motivación del vino mezclado con el zumo y los trozos de frutas. Pero aquel gesto no era mera cortesía sino parte de otro ...
... elaborado plan que surgió espontaneamente en mi depravada mente. „Accidentalmente“ al llenar su vaso con sangría volqué algo sobre su pantalón color beige claro, algo que debía solucionarse de inmediato, si es que aún la notable mancha color rubí lograra acaso no dejar huellas en la tela. La estrategia funcionó a la perfección. Yo exageré mis disculpas al tiempo que le recordaba lo importante que era humedecer el pantalón. Comencé a limpiarselo con una trapo con agua, pero sin dudar demasiado se aflojó el cinturón y comenzó a bajar la cremallera mientras me decía que lo pondría a remojar en el lavabo. Quedé jugando con el trapo húmedo entre mis manos mientras veía como su pantalón iba bajando sobre sus piernas maravillosas y cual un enigmático telón dejaba expuesto un racimo voluminoso detrás de sus boxers. Giró entonces para ir hacia el cuarto de baño y las curvas de su trasero ondulándose mientras caminaba me ofrecían un apetitoso plato para mis más candentes fantasías. Quedé inmovilizado. Micorazón galopaba pareciendo querer salirse del pecho a través del esternón. Cuando regresó hacia mí parecía una escultura griega en boxers y calcetines blanco que había cobrado vida y abandonado el Olimpo para venir a seducir a este perplejo mortal. Se sentó a mi lado y bromeó acerca de que aquello parecía una verdadera romántica. Yo añadí casi sin pensar lo que estaba diciendo: -„Mientras no intentes besarme, está todo bien…“ Y allí fue cuando algo sucedió que era ...