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Paula
Fecha: 03/03/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Chrom, Fuente: CuentoRelatos
Para ser sinceros, no me importó nada ser el tercero en discordia. En realidad, que por casualidad apareciese Ana en el restaurante, fue de lo mejor que me podía haber pasado esa noche. Y tras despedirme con un beso de mi mujer, le pedí a Ana que me la cuidase. Me marché del restaurante con la certeza de que terminarían la noche en el piso de Ana poniéndose al día de la nueva vida de ésta tras su divorcio. Apenas había salido del restaurante cuando ya tenía las llaves del coche en las manos y apresuraba el paso para llegar cuanto antes a casa. Unos días antes, mi mujer me había comentado que María, la chica que habitualmente cuida de nuestros hijos, había caído enferma y que no podría hacerse cargo de ellos el viernes por la noche. Tal día había sido el elegido para salir a cenar los dos solos después de un mes a tope de trabajo. Cualquiera que tenga hijos pequeños, sabrá de la importancia de encontrar un momento para estar en pareja sin tener que estar pendiente en todo momento de la descendencia y más cuando son pequeños, cinco y tres años, como es en nuestro caso. Durante el día siguiente, no dejamos de buscar a alguien de confianza para que cuidase de ellos, pero la suerte nos estaba siendo esquiva y nos estaba resultando imposible. En el trabajo pregunté a mis compañeros si conocían a alguien y finalmente, la solución se plantó frente a mí, en el momento en el que decidí resignarme a anular la cena con mi esposa. -Veo que no encuentras a nadie. -me dijo ...
... Paula sentándose a mi lado.- Si quieres, estaría encantada de cuidar a tus hijos. Así los conozco personalmente después de todo lo que me has hablado de ellos. -¿Harías eso por mi? -pregunté sintiendo aún más admiración por ella de la que ya sentía, sobre todo teniendo en cuenta el motivo de mi necesidad. -Por supuesto, Jon. Sabes que haría cualquier cosa por ti. -Gracias, Paula. -le dije levantándome y dándole un abrazo seguido de un beso en la mejilla. Un beso que, inconscientemente, no sé si por mi culpa o por la de ella, terminó rozando la comisura de sus labios. -No tienes, porque darlas. -contestó esbozando una sonrisa y mirándome fijamente a los ojos.- Haría cualquier cosa por ti. Vi como volvía a su puesto de trabajo incapaz de separar la vista de su culo, deleitándome del dulce movimiento de sus caderas. Tomando el móvil, le mandé un mensaje a mi mujer haciéndola saber que se mantenía la cena ya que había encontrado quién cuidase de nuestros hijos. Paula, qué decir de Paula… ¿Habéis tenido la suerte de conocer a alguien con quién podéis ser vosotros mismos al 100%? ¿Con quién no necesitáis usar ningún tipo de máscara y te puedes mostrar ante ella, o él, tal y como sois en realidad? ¿Sin temor a ser juzgado? ¿Sin temor a nada? Esa persona, para mí, era Paula. Nos conocimos hace apenas dos años cuando vino a hacer las prácticas de la universidad a la empresa donde trabajo. Aun siendo tan joven, por aquel entonces ella contaba con apenas 21 años, ...