1. Inimaginable fantasía cumplida.


    Fecha: 05/03/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... cuanto Ximo acabo de tomar su horchata, dijo que se iba a dar un baño para despejarse. Se fue y se tiró al agua. Pau recogió todo y se fue para la cocina. No me lo pensé cogí algunas cosas para ayudarla y aunque me dijo que no hacía falta, lo hice y la acompañe a la cocina. No uso el lavavajillas, limpio todo en la pila, mientras yo la miraba y hablaba con ella. Abrió un armario de los altos y se estiro para colocar algunas cosas. La camiseta que le hacía de vestido, al levantarse se subió y se le vieron el inicio de sus nalgas. Mi rabo tomo vida propia. Sin mirarme me hablaba y me dijo, “Pues a Ximo y a mí nos ha dado mucha alegría el encontrarte el otro día. Porque no te esperábamos y porque del pueblo no solemos encontrarnos a nadie. A excepción se Silvia, que se vinieron aquí casi un año antes que nosotros y con ellos si nos vemos. ¿Te acuerdas de Silvia?”
    
    Como no sabía a qué Silvia se refería, ella empezó a darme detalles y caí rápido en la cuenta pero me hice el despistado. Hasta que me la describió físicamente a ella y su marido Alberto. Tanto fueron los datos, que con cierto sarcasmo dije, “Ah, esa Silvia. Como no me iba a acordar” ella salió en defensa de su amiga sin que yo hubiera dicho nada, “No te creas todo lo que oigas, Silvia es muy buena mujer, solo que en los pueblos ya sabes. Y de todas maneras, que nadie tiene porque meterse en su vida, aunque fuera cierto lo que dicen los de siempre, que muchos, tienen mucho porque callar”, mientras ella decía todo ...
    ... eso, que lo hacía con mucho ímpetu y con un tono de voz más alto de lo normal, yo me había colocado prácticamente detrás de ella y no se dio cuenta.
    
    Se sorprendió cuando noto mis manos abrazándola y notando mi duro rabo en su culo. Paro en seco de hablar, dio un respingo y soltó con voz de sorpresa, “¿Qué es lo que haces?” y ni corto ni perezoso, le dije suavemente, “Pues terminando de darte el masaje a estas divinas tetas, que tanto soñé con ellas y que tantas pajas me hice pensando en ellas”, Pau quiso girarse sin mucho convencimiento, pero seguía un poco furiosa. “Estate quieto, quítate y vete de mi casa. Eres un guarro degenerado. Como venga Ximo te va a matar, quítate” y diciendo esto último, echo su culo para atrás, con la intención de apartarme pero fue pero, porque mi rabo se encajó mejor entre sus nalgas.
    
    No llevaba ropa interior, porque arriba se notaba sin necesidad de tocar, pero cuando lleve mi mano a su coño, lo que toque fue abundante pelo y que estaba mojado. Cuando mis dedos tocaron su clítoris, se le escapo un leve gemido, que trato de disimular, carraspeando. Baje un poco el bañador, que no hacía falta mucho más y mi rabo salto como gritando libertad. No me fue nada difícil, colocarlo entre sus piernas y como salía por delante, lo pegue contra su clítoris, usándolo en vez de mis dedos. Vi cómo se agarraba con fuerza al borde de la encimera.
    
    Su tono de voz bajo de decibelios, ahora era más suave, “De verdad, déjame, soy una mujer casada, mi marido ...
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