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Aventuras y desventuras húmedas: Primera etapa (20)
Fecha: 06/03/2022, Categorías: Incesto Autor: LilithDuran, Fuente: CuentoRelatos
... su tía salían a flote, como un cazador agazapado en la maleza, soltaba una mirada fugaz observando lo máximo posible. Cuando sucedía lo mismo con su madre… ¡También miraba! Estaba en su límite, se quería ir, bueno… no quería, pero era lo que debía hacer si no se quería desmayar allí mismo. Aunque bueno, estaba la otra opción, la de dejar fluir sus instintos primarios y arrancar la parte de abajo del bikini a su tía y que su madre contemplara lo que era capaz de hacer. Su pene se movía como un látigo dentro del bañador, el calor que emanaba su cuerpo hacia parecer frío el propio agua del jacuzzi. Se notaba como si se hubiera bebido un sinfín de litros de ron, estaba algo mareado y le costaba enfocar, “no he estado tan cachondo en mi vida”. La boca se le había vuelto pastosa y una de sus manos, ya no podía soltar su miembro erecto mientras lo amasaba al amparo del agua dándose un pequeño placer. Con la mano libre, cogió un poco de agua y se la echó por la cabeza, se dio cuenta de que no se encontraba nada bien, aunque mejor dicho… se encontraba demasiado bien. Echó la cabeza hacia atrás, cerró los ojos por un segundo relajándose lo máximo que el cuerpo le permitía. En su mente volaron millones de imágenes, imágenes que comenzaron a unirse como en una película. Todo cobraba vida en su cabeza, una historia tan real que no parecía imaginación. Ambas mujeres se le acercaban y sacando su rica entrepierna daban buena cuenta de lo que tenía. Sabían lo que hacer y sabían lo ...
... que deseaba. “Pobre Francisco Javier… lo que te perdiste…” pensó mientras se imaginaba que a él sí que le hacían un delicioso triángulo amoroso. Daba igual que una fuera Mari, en ese momento cualquiera le valía. —Mi vida… —la habló su madre esta vez desde la lejana realidad—, ¿seguro que estás bien? Los ojos de Sergio algo perdidos, miraron a su progenitora. Tenía los pómulos colorados y los ojos algo vidriosos, en el puente de la nariz vio marcadas las pecas que tanta gracia le hacían de pequeño. Cada facción de su rostro le estaba pareciendo una belleza, estaba realmente preciosa, pero ¿desde cuándo? ¿Cómo pudo haber un cambio tan inmenso? —Tienes la cara muy roja —le siguió diciendo. —Sí… —dijo él tocándose el rostro con una mano húmeda y arrugada— creo que tengo mucho calor. —esperaba que eso no sonara con segundas. —Salte, cariño, a ver si te vas a marear. —No, tranquila, mamá, en un rato mejor. —no podía salir con aquella erección, se notaba como si una barra de pan atravesase su pierna, incluso sentía cierto dolor en la presionada punta. Mejor desmallarse, que enseñar aquello a su madre. —Sergio, de verdad, vete. Tienes un poco la mirada perdida, igual te da una bajada de tensión, me estoy preocupando un poco. La mirada de su madre no mentía. Pero el caso era que al chico no le pasaba nada malo, solo estaba más caliente que en toda su vida. Su tía miraba la situación con una media sonrisa, sabía lo que le pasaba al joven y aquella situación, le ...