1. Las clases de Alicia


    Fecha: 17/03/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Elegos, Fuente: CuentoRelatos

    ... caer en la silla para recogerlo con lo que su precioso culo en tensión bajo aquellos vaqueros quedaba a la vista. Hacía rato que no paraba de desear que se le cayera el lápiz. Lo cual me hizo pensar que tal vez no era ella la que estaba espesa, sino yo.
    
    —Esto, Alicia, ¿estás bien?... ¿O soy yo el que no está bien? —pregunté sin ambages.
    
    —¿¡Eh!? —No perdona Javier, es que no estoy donde tengo que estar, tengo la cabeza en otro lado —respondió con una media sonrisa.
    
    —Vale, si quieres lo dejamos.
    
    —¡No! Mejor si estoy ocupada.
    
    —Vale, mira de la última exposición, hay dos cosas que no tienes que hacer —dije mientras le daba al play de la Tablet para que se viese a sí misma exponiendo el tema. (Es habitual que la grabe en video exponiendo y tengo que reconocer que a veces miro y remiro sus videos, es algo enfermizo lo sé). Ella se arrimó a mí para ver mejor la pantalla y nuestros hombros se tocaron. Era algo que normalmente hacía, así que no le di más importancia. La clase continuó y en un momento dado señaló algo de la pantalla y al guardar la mano debajo de la mesa después de preguntar la dejó caer sobre mi pierna. Me quedé congelado, no sabía qué hacer.
    
    —Esto Alicia, ¿qué haces? —dije entrecortadamente y como pude con mi boca totalmente seca mientras su mano seguía allí como si tal cosa.
    
    —¿No te gusta?
    
    —¿Qué quieres decir? Joder Alicia ¿Qué estás haciendo?
    
    —Nada que no hayas deseado muchas veces, ¿verdad? O te crees que no he visto como me follas con ...
    ... los ojos cada vez que nos vemos. Al principio pensé que eras un viejo verde asqueroso y te odié, pero me hacía falta el trabajo. Luego pude comprobar que solo me mirabas a mí, a nadie más. Hablé con las compañeras y…
    
    —¿Qué has hecho qué? Madre mía madre mía —empecé a lamentarme sin saber cómo quitar aquella delicada mano de mi pierna que pesaba como si fuera una gran roca y me tenía preso sentado en la silla y muy aterrorizado. Con el cuidado que había tenido siempre con esto. Empecé a ponerme en lo peor.
    
    —La verdad es que todos me miraron como si fuese un bicho raro —siguió diciendo como si no la hubiese interrumpido. —La verdad es que fui muy correcta y solo les pregunté si me tenía que asustar, porque había tenido malas experiencias. Todos me aseguraron que eras un ángel. Pero… las miradas seguían ahí. Poco a poco, y sabiendo que era la única empezaron a gustarme.
    
    —Pero yo…
    
    —De hecho, cuando te ofreciste a darme clases pensé que ibas a saltar sobre mí como un toro en celo, fantaseé con esa idea durante días. Pero no fue así. Llevo meses esperando y nada.
    
    —Pero, ¿qué dices? Si tienes 26 años, yo…
    
    —Tú haces que yo me vaya de clase a mi casa mojada como una perra en celo sabiendo que mientras voy andando me vas comiendo con los ojos. Tú haces que tenga ganas de tirar el lápiz al suelo y te deje mi culo bien puesto a ver si lo coges con fuerza con esas manos tan grandes que tienes. Tú has hecho que corte con mi novio, porque no siento nada con él y no me mira ...
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