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Taburete
Fecha: 02/04/2022, Categorías: Gays Autor: zumurrud, Fuente: CuentoRelatos
Antes que nada, quería agradecerles a aquellos que les gustó mi anterior relato, lo visitaron y se tomaron el tiempo de leerlo. Eso me dio ánimo para contarles otra historia que me tocó vivir con un amigo, con quien tuve algunos encuentros, pero creo que éste fue especial por algunos detalles que les paso a contar. Ojalá lo disfruten como lo disfruté yo, a pesar de que tenga que ser explícita en algunas cosas, que quizás no les agraden a todos. Con Javi nos conocemos por intermedio de una amiga trans. Ella me lo presentó un día que él había concurrido con tres amigos -uno de los cuales se casaba-, y habían decidido celebrar la despedida de soltero en un boliche del rubro. Creo que desde el momento mismo nos gustamos, pero creo que también había por parte de él algo de prejuicio de encararme. Por momentos observé que se sentía más cómodo con trans o travestis que con una cross como yo. Quizás también la edad lo pudo condicionar por momento. Así me lo manifestó ni bien pudimos comenzar a dialogar. Los 39 años en ese momento y yo 20. Desde aquella oportunidad hicimos una linda amistad, la que derivó en continuos mensajes por whatsapp, alguna esporádica llamada, alguna fotito hot, hasta que tuvimos nuestros primeros encuentros. Pero no son esos encuentros los que les quiero contar, sino uno especial por algo que sucedió y fue lo que me hizo poner muy caliente, y a él también. Ya habíamos estado unas cuatro veces juntos. Además de garchar con él, lo ...
... que tenía bueno es que vivía solo y podíamos ir a su departamento, yo llevar mi mochi con mis cosas, y luego de pasarla bien, poder cambiarme en su casa tranquila. Él vive por Núñez en un departamento normal pero muy ordenado. Siempre habíamos sido muy conservadores con el lugar para coger, siempre era la habitación el lugar elegido. Pero yo siempre le decía que envidiaba la cocina que tenía. Súper amplia, luminosa, con un desayunador con dos sillas altas tipo taburete giratoria (creo que se llaman así). Ahí compartíamos un vinito, comíamos algo tranqui y el desayunador al ser tan angostito permitía tener nuestras caras cerca, y a medida que avanzaban los sorbos de vino, también avanzaban los besos, mimos, y la calentura. Generalmente no soy de tomar, pero esa noche el vino hizo que me sienta más suelta, con más confianza y menos vergonzosa quizás de lo que puedo llegar a ser. Eso despertó mis ganas de ya no ir a la cama, a la habitación. Quería algo distinto, probar quizás el sillón, porque no la misma cocina arriba de la mesada, algo distinto. Lo más tentador y arriesgado me parecía que me coja en el living. Tiene un ventanal del tamaño de prácticamente toda la pared de cuatro hojas, que si bien no da contra otros edificios vecinos directamente, si algún vecino está en un balcón, no necesita mucho para ver dentro del living del bulo de Javi. Esa circunstancia de que nos puedan ver me calentaba, y quería eso. Pero quería mucho más también. Me sentía ...