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Mi prima se viste de novia (Capítulo 13)
Fecha: 06/04/2022, Categorías: Incesto Autor: Usuario PsyExA, Fuente: CuentoRelatos
... sé. Mi cabeza se dirigió al cielo nuevamente. Ya me estaba excitando otra vez. Esa carita de desagrado que ponía cuando parecía venírsele encima algo de lo que no estaba segura, me hacía hervir la sangre. Y toda esa sangre hirviendo iba a parar al pene, para no dejarlo dormir ni un minuto tranquilo. Otra vez al palo. Otra vez durísima, con los testículos recién vaciados. -Te va a gustar, porque sos toda una lecherita. Vas a ver. Mi prima dudo pero aceptó. Al verme la pija otra vez parada se acomodó para volver a chupármela. -Si seguís así me parece que me vas a tener todo el día mamándotela igual. Le asentí con la cabeza. Esta vez mis manos fueron a mi nuca y cerré los ojos para que mi prima me peteara como ella quisiese. La humedad de su boca, el cariño de los lengüetazos que le daba a mis pelotas, incluso el reflejo que me producían sus dientes cuando a veces simulaba morderme el glande, ya estaban por hacerme eyacular de nuevo. Pero esta vez presté más atención: se la quité de la boca y me puse de pie. Tomé el vaso de whisky y le sumé dos lechazos pastosos al contenido que ya había escupido Julia. -A penas arranca la fiesta y ya está lleno casi por la mitad. – le dije, poniéndolo a la altura de la vista y marcándole con un dedo hasta dónde llegaba el contenido de semen de su interior. – Por las dudas busquemos otro vaso. No era verdad. Estaría casi un cuarto lleno. Pero me gustaba exagerarle, para tratarla como a una putita tragaleche. A ella ...
... también. Tal cual lo había sospechado, su gesto de asco del comienzo era ahora de excitación. Me miraba con una cara de trolita abstinente de pija que pensé en volver a la cama y comerle la conchita un rato. O incluso cogerla con la verga un poco muerta. Pero no me iba a arriesgar a estropear, otra vez, la fiesta que ella había propuesto. Le dije entonces que aprovechemos a ir a buscar algo para comer y a recorrer los bares para conseguir latitas. Que le demos tiempo a que se me vuelvan a llenar las bolas de esperma, para seguir llenando el vaso que se tomaría al final. En el crucero no sólo tenían una inmensa variedad de comida, sino que, además, el comedor funcionaba las 24 horas del día. Sin dudas era el lugar ideal para hacer fiestitas con mi prima. Mientras probábamos el pescado (que, tal como dijo Julia, era bien fresco) sentí el peso de la resaca. Tanta cerveza de la noche anterior y dormirme sin cenar, le pasaban factura a mi cuerpo. Sobre todo a mi cabeza. Pero por suerte tenía el antídoto a mano: agua. Me habré bajado cinco o seis botellitas de medio litro en menos de una hora, pero ya me sentía mejor. Esta vez no cometería el mismo error. Aunque la recorrida por los bares nos demoró más tiempo que la del día anterior, además de las latitas de cerveza, pedimos varias botellas de agua. Otra vez y en el mismo lugar, con la misma ropa y en la misma silla lo volví a cruzar a Fabián. Ya hablaba con el barman como si fuesen amigos de toda la vida. Y aunque no ...