1. Por la ansiedad de vaciar la vejiga


    Fecha: 13/04/2022, Categorías: Gays Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... hasta hacerles compañía a mis pantalones. Tomé mi miembro y comencé a orinar… aaahhh!!, dando muestra de placer por las tremendas ganas que tenía, vacié mi vejiga durante unos minutos… uuuffff!!.
    
    Mientras orinaba, me dio por mirar hacia un lado, viendo una bolsa de color blanca y cuyo interior, deduje que podría tener en su interior unas revistas. Pensando en que nada más acabar… las cogería, pudiendo comprobar de qué clase de revistas se trataban. Pero el sonido proveniente de unas pisadas me alerta que no me encuentro solo, girándome con rapidez sin detenerme a subirme mis prendas, descubriendo a varios metros un hombre mayor. Mayor no sería la descripción exacta sino más bien por su aspecto… anciano. Por su aspecto le eche los setenta y picos de años, cosa que más tarde me confeso que contaba con setenta y tres años, cuerpo delgado y alto… muy alto, rondando el metro noventa. Como he dicho era delgado, cuyas extremidades eran de brazos casi esquelético y pálidos, cuyos dedos eran largos. Con abundantes cabellos de color blanco y gafas. El silencio que había era molesto,
    
    No dije nada… simplemente le miré, cayendo y gracias a su mirada en la falta de prendas inferior, desnudes que sus ojos no perdieron detalle. Dándome la vuelta me incliné para subirme los pantalones y mi bóxer, posición que caí por segunda vez era provocativa, pues pudo ver con claridad mis nalgas. El silencio que impregnaba el ambiente era molesto, silencio de esos que solemos decir… “A pasado un ...
    ... ángel”. Aunque en verdad os digo que me podría haber marchado, pero el motivo por el cual no lo hice, no era otro que recoger del suelo esa bolsa blanca de revistas. Ante este silencio, fue él, el primero en hablar, soltándome…
    
    “No te asustes por favor, no deseaba molestarte, pensaba que buscabas compañía al verte subir hasta aquí”.
    
    No dije nada, no deseaba por un momento alargar ese momento tan molesto, pero es verdad, normalmente los que suben hasta esta zona, no es por otro motivo que liarse o enrollarse con otros. Prosiguiendo nuevamente, presentándose a modo de romper el hielo…
    
    “Perdona si e he molestado, no era mi intención, mira me llamo Andrés”.
    
    Presentándome yo fríamente…
    
    “Yo me llamo José, no se disculpe, la culpa es mía por no darme cuenta antes”.
    
    Como justificarse, me conto lo que hacía por esos parajes, mientras yo simplemente le escuchaba con la intención de que se diera cuenta que no era de mi incumbencia, pero este no dejaba de hablar. Explicándome…
    
    “Mira… te puedo titubear”
    
    Ante mi afirmación, mediante un simple movimiento de cabeza. Esté continuo con su explicación…
    
    “Pues mira José, me acercado por esta zona por oídas, no soy de aquí de Sevilla sino de Jerez de la Frontera. Me he acercado porque me habían dicho que por aquí, podría encontrar compañía… ya sabes compañía de mí mismo sexo, pues vengo precisamente para eso”.
    
    Simplemente permanecía callado, escuchándolo y la verdad, me sorprendí al saber hasta dónde había llegado la ...
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