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El Harén de Mama
Fecha: 15/04/2022, Categorías: Incesto Autor: corvus, Fuente: RelatosEróticos
... Anna sabía que jugaba con fuego la relación con su hija menor no sería igual esta mañana lo había comprobado, su hija menor parecía estar enamorándose de ella y aunque el sexo complico la relación un sentimiento empeoraría las cosas. Pero la deseaba, la deseaba insanamente. Mi sexo fue lo que actuó por mí al escribir la nota que, junto a un par de medias, la faldita y la blusita cachondas puse en su cama con la nota que ponía: “Zorrilla nada de bragas usa este conjunto de ropas nada más llegues a casa. Recuerda sin bragas ni sujetador, ya trataremos tus atuendos de ahora en adelante. Mis zorras son eso zorras cachondas. Domina Anna” Estaba muy cachonda tan cachonda que volví a mi alcoba tome el vibrador y fui al baño me masturbe lentamente recordando cómo la noche anterior me había follado a Claudia, sus gemidos su beso su lengua inexperta en mi coño mojado. Recordando como su coñito era tan apretadito, saber que fui yo quien rompiera eso tan preciado para una jovencilla fue cachondo. Imagine lo apretadito que podría tener la cerecilla rosada trasera, mis embestidas con el vibrador en el coño cobraron fuerza y velocidad mi respiración se acelero estaba en una estasis, pensar en follarme el culo de mi pequeña y con ello quitarle su inocencia, provoco en mí un orgasmo demoledor. Me descompuse por unos minutos después del orgasmo. Al recuperarme seguía estando cachonda y un poco perversa, decidiendo que hoy no usar tanga ya que si le ordenaba a mi zorra hija ...
... lo correcto sería predicar con el ejemplo. Partí entonces sin bragas al despacho en el coche me sentía toda una puta, no sé qué me estaba sucediendo, no había estado tan cachonda y traviesa desde que vivía José. El día fue un subidón de emociones entre la cachondez lujuriosa y la culpa por el camino que estaba transitando. Al entrar en el edificio supe que la elección de el sujetador y la blusa fue lo mejor los hombres que me veían me comían con la mirada terminado por verme el culo, mis caderas se contoneaban para su deleite. Las mujeres me miraban con ganas de asesinarme, triste por ellas, aunque alguna también me miro con lujuria. Hoy me di cuenta que alguna siempre me saludaban veían más de lo necesario. La mañana fue bastante aburrida después del almuerzo atendí otro aburrido caso de finanzas, lo atractivo fue la rubia hermosa con quien trabajé; alta, más que yo. Sus tetas parecían apunto de reventar la blusita que las contenían, unas piernas largas enfundadas en medias hasta el muslo con una falda negra más arriba de la rodilla, la chica no paraba de recostar su suculento cuerpo a mi mientras mostraba folios y documentos, estaba a punto de perder el control, por mis muslos podía sentir la humedad de mi coño. La rubia no hacía sino recostarme el culo a mi pubis mientras hablaba y hablaba; su fragancia me intoxicaba el tiempo encerrada con esa diosa contoneándose fue una deliciosa tortura su nombre era Carla, un nombre de putilla. Después de laborar estaba que ...