1. En la bodega con la madura de contabilidad


    Fecha: 23/04/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: subtitulados, Fuente: CuentoRelatos

    Ella estaba frente a la secretaria, me estaba dando la espalda, un pantalón de vestir color hueso que marcaba su rica trusa con encaje, era un cachetero, su blusa entallada de manga larga y su cabello suelto.
    
    Sara, la contadora madura, esa que le causa erecciones a todos los de la empresa, ya les conté de ella en otro relato.
    
    No podía contener mi deseo las ganas de embestirla como aquella vez, Sara se dio cuenta que la miraba y más se empinaba y más coqueta era, ya no aguantaba con la verga dura, quería ponerla en cuatro y darle hasta llenarla todita, no me importaba ser obvio, yo seguía disfrutando la vista que ella me regalaba.
    
    Las horas pasaron, mi temperatura estaba a mil, imaginarla así, con su rico cachetero con encaje, su rico cuerpo, me valía que su pareja estuviera ahí, la suerte a veces me sonríe y ese día no fue la excepción.
    
    El turno de la tarde no tuvo actividad y los de la mañana salieron a su hora habitual las 3:00 pm, hay una bodega de muestras a la cual fui alrededor de las 4:30 y como el encargado del turno de la tarde no estaba, me despaché solo. ¡Estaba yo tranquilo buscando mis muestras cuando Sara entro!, ella me miro sonriente y me pregunto por el compañero de la tarde, yo como pervertido la mire de arriba abajo y le dije que no estaba, ella me hizo la plática coqueta y justo cuando se disponía a salir, ¡la tome del brazo y le plante un tremendo beso!
    
    S: ¡Tranquilo, aquí no, nos verán!
    
    L: ¡No me importa, te deseo nena!
    
    S: Basta, ...
    ... aquí está el, ¡además hay cámara!
    
    L: ¡Pero la cámara no llega hasta aquí, te deseo nena!
    
    S: ¡Luis, basta, por favor!
    
    L: Sé que tú lo quieres también, ¡te ves riquísima!!!
    
    La seguí besando y ella poco a poco se comenzó a dejar llevar, mis manos desesperadas recorrían su espalda hasta llegar a sus duras nalgas, por encima de su pantalón sentía su rica ropa interior, ¡eso me la ponía más dura! La fui llevando hacia una tarima con cajas, dobladas, ahí le comencé a acariciar sus piernas torneadas y besarle el cuello, ¡ambos estábamos conectados y algo rico se acercaba!
    
    Le quité su blus ay la deje en brasear, le comencé a apretar las tetas con desenfreno, ella gemía y se ponía caliente de su cuerpo, la recosté sobre las cajas y comencé a besarle su abdomen hasta subir a sus tetas, las cuales, sacándolas del brasear, las chupaba y mordía, ¡mientras una de mis manos desabrochaba su pantalón y se metía para sentir su rica vagina húmeda!
    
    S: ¿Qué haces?
    
    L: ¡Te hare mía, eres un manjar!
    
    S: ¡Luis, nos van a escuchar!
    
    L: ¡Pues hagámoslo en silencio!
    
    Sara, aunque decía que no, su cuerpo ya estaba listo para mí, le hice a un lado su hermosa trusa con encaje y baje a darle un rico oral, ella alcanzo el apagador y apago las luces de la bodega, le mamaba su vagina con suavidad, besaba sus carnosos labios vaginales muy salvaje, le metía mi lengua para lamer su clítoris, ella gemía despacio, se retorcía como pez fuera del agua, poco a poco mi boca comenzó a llenarse de ...
«123»