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Autobiografía sexual (Parte 6): Tras las rejas
Fecha: 25/04/2022, Categorías: Confesiones Autor: LorePadilla, Fuente: CuentoRelatos
... que se fuera antes de las diez de la noche por si el señor Romanin llegaba de imprevisto. El alto y apuesto muchacho fue muy amable conmigo y pude desahogarme con él de todas mis penas, desde lo que pasó con mi papá hasta lo que tuve que padecer en esa casa. Sé que eso no se le puede contar a alguien que recién conoces, pero yo no era muy madura en ese entonces y aflojaba con cualquiera, mucho más si me daba atención como Adrián, quien, por cierto, me pidió que le contara a detalle algunas de esas historias sexuales para excitarlo. Sabía que quería algo más que solo escucharme y alentarme, pero su forma de seducirme provocó que le siguiera el juego. Todo llevó a un intercambio de anécdotas sexuales que prendieron la chispa. El calor en la sala aumentó y sin pedírselo, el guapote de Adrián se quitó su camisa. —¿Puedo tocar? —pregunté interesada. —Lo que quieras —contestó con una voz tan sexy. —Pero no me gusta que estés de pie —dije y con alevosía lo empujé de forma que cayera en el sofá. Posteriormente, me subí al sofá y me puse de rodillas a un lado de él para manosear su pecho y su abdomen duritos. A la vez, me vi tentada por mirarlo a la cara y tentarlo a besarnos, cosa a la que accedió sin problema y vaya que besaba muy rico. Asimismo, él no dudó en estirar su mano y acariciar mis glúteos. —Mete tu mano —le susurré sensualmente y él obedeció introduciendo su mano por debajo de mi falda para tocar mis nalgas. Lentamente fui bajando mi mano derecha ...
... por su pecho, atravesando su abdomen y reposándola en su entrepierna, donde sentí algo duro y en movimiento debajo de su pantalón. Deslicé presionando mi dedo índice a lo largo de la superficie de esa cosa gruesota y provoqué que él gimiera y me soltara una nalgada. Luego pasó su palma por mi entrepierna y provocó que yo gimiera. Me encantaba que me hiciera lo que yo quería sin pedírselo, pues luego metió sus dedos bajo mi tanga y talló rico mi clítoris. —¡Ah! Así me gusta, me gusta cómo me tocas. Mmmm. Para no quedarme atrás, me apresuré en desabrochar su pantalón y exponer su larga, gruesa y lampiña verga que salió solita por el orificio de su bóxer. Entonces me empiné como se debe para poner mi cabeza a la altura de su pene y comencé a frotarlo a la vez que le pasaba mi lengua como si fuera una sabrosa paleta. Desde la base hasta la punta pasaba mis labios con la boca abierta a manera de masturbarlo y eso le fascinaba, pues sus gemidos se escuchaban más fuerte. Después, permití que se quitara bien el pantalón y el bóxer, al mismo tiempo que yo me despojaba de mi blusa y mi brasier. Una vez acomodados de nuevo como estábamos, se la empecé a chupar suave y lentamente, estimulando con mis labios esa zona que les provoca hacer muecas, el borde inferior de su glande. Simultáneamente, él ya había bajado mi tanga a la altura de mis rodillas y me insertó un dedo en mi concha y comenzó a frotarlo despacito en círculos. No podía evitar mover mi trasero hacia atrás y hacia ...