1. Momentos inolvidables (Cp. 24): Definitivamente ¡me voy! (1)


    Fecha: 29/04/2022, Categorías: Gays Autor: janpaul, Fuente: CuentoRelatos

    A. Intento de suicidio.
    
    Lausanne se fue a Francia. Me quedé triste de que se fuera. Estaba muy a gusto con ella. Sabía hacerme la vida agradable: una gran chica. Entendí que tuviera que irse, pero en mi mente no lo acepté. Entré en depresión. Mi abuelo se preocupó mucho por mí, lo mismo mi abuela. Ellos hablaron con mi padre, pero mi madre no dejó que me introdujera en casa.
    
    Mercedes se vino a casa de los abuelos a cuidarme y a ayudar a mi abuela. El médico dijo que esta depresión finalizaría cuando mi madre me dejara entrar en casa o cuando yo me olvidara de ella, olvidara todas las cosas que me pasan y comenzara una vida sin presiones familiares. Dentro de mi depresión, que yo reconocía que no era tan grave, entendí lo que decía el médico, pero en mí había dos personas, una que aceptaba mi situación y otra que se rebelaba. Esta última pensaba dónde estaba el mundo en que nací, a la otra le asqueaba el mundo. Pero entendía a mis hermanos que estaban sufriendo por mi causa. Ellos se veían igualmente amenazados. Por eso esa mañana en que me dividía entre dos personas, me dispuse a acompañar a Mercedes y a la abuela a la Iglesia. Rosario que hace mucho tiempo que no va a la Iglesia para nada, ha querido acompañarla hoy también. Mercedes es la hermana que más arrastra en casa. Nunca me ha pedido ir con ella a la Iglesia, pero siempre hace como hizo ese día:
    
    — Miguel, me voy a la Iglesia con la abuela, rezaré por ti, ¿le digo a la abuela que rece por ti? ¿A qué santo ...
    ... te gustaría que pidiera por ti?
    
    — Mejor voy contigo y acompaño yo también a la abuela.
    
    No soy tan soberbio, creo yo, ¿quién se negaría a acompañar a la abuela que me acoge? ¿quién se negaría a sentirse llamado con tanta delicadeza como la que tiene Mercedes que viene a ayudar a la abuela por mí? También se ha enterado Eleuterio y ha avisado a Facundino en el sentido de que tenían que venir con nosotros porque igual yo me iría para no volver a verlos más. Y teníamos que estar como una piña contra la tirana. Facundino le dice:
    
    — ¿Por qué te preocupas tú que eres un mujeriego? A ti no te va a expulsar de esta casa.
    
    — Pero tampoco me va a dejar que me case con la mujer que yo quiera, ella va a querer gobernarme, porque es una tirana total—, responde Eleuterio.
    
    Nos vimos todos los hermanos en la Iglesia. Pasó una señora a nuestro lado y dijo mirándonos:
    
    — Los hijos harán lo que sus padres no saben hacer.
    
    Y se fue a los primeros bancos.
    
    Al salir de la Iglesia fuimos a una terraza y Rosario nos invitó a un aperitivo. Me puso un bocadillo delante porque no había desayunado. No tengo nunca apetito. Ella me preguntó qué iba a hacer hoy y le respondí que aún no lo sabía. Entonces me dijo:
    
    — Vete a casa de la tía Luisa, ella sabe todo y te está esperando.
    
    Tomé nota mental.
    
    He pasado una semana fatal viendo a todos que se volcaban conmigo; entre la vergüenza que sentía de necesitar de todos ellos y mi incapacidad de reaccionar al menos para agradecer, me ...
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