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Momentos inolvidables (Cp. 24): Definitivamente ¡me voy! (1)
Fecha: 29/04/2022, Categorías: Gays Autor: janpaul, Fuente: CuentoRelatos
... abrazó y nos besó. Oí que le decía susurrando a Facundino: — Cuídalo y ámalo como tú solo sabes. — Lo haré, pequeña. Emprendimos el camino y le pregunté: — ¿Por qué le has dicho «pequeña»? — Porque desde que no estás en casa ella viene a mis brazos a consolarse y le gusta que se lo diga. — Eres único, Facundino, de verdad, eres único. Llegamos al sauna. Nos desnudamos con deseos de vernos. La verdad es que algunas o bastantes veces he visto a mi hermano desnudo, pero nunca había calibrado su cuerpo. Me percaté en ese momento; de repente observé que se había desarrollado mucho en estos últimos meses. Mi hermano Facundino ha dado una fuerte estirada y mide 1,85 mts. de altura, lleva el pelo muy corto al uno y los costados totalmente pelados y lisos, vino vestido con una camiseta blanca sin mangas no de tirantes, sino de compresión, muy ajustada a su cuerpo y con pantalones de camuflaje acortados hasta por encima de la pantorrilla y muy ceñidos. No hacía frío pero no era tiempo de vestir así. La camiseta presionaba firmemente su robusto físico marcando bien su triángulo invertido, los dos pezones del pecho se marcaban voluminosamente en su camiseta. El color de su piel es de un marrón bronceado. Se me impuso verle y me quedé admirado. Habíamos caminado juntos y solo pensaba en mis problemas, pero allí, lo vi tal cual, primero vestido y luego desnudo. Facundino ya no era el niñato de siempre. — ¿Puedo tocar tu cuerpo?, —pregunté. — Hermano, soy todo ...
... para ti,—respondió. Le acaricié los pectorales, le pellizqué los pezones. Miró hacia el techo y gimió. Le di un beso. Al fondo vi dos tíos que nos miraban. Para dar envidia le volví a acariciar, ahora a sus nalgas. — ¡Buenas están! Me imagino cómo estará por delante, —dije susurrando a su oído. — No imagines nada, hermano, mira. Desabrochándose el pantalón, lo dejó caer a sus pies y apareció una mini tanga cuerda de color rosado y cordón de colores. Lo miré cómo marcaba y mientras le acariciaba las nalgas él mismo se sacó la tanga hasta los pies. — Ahora quiero verte a ti, hermano, —me dijo como invitación a desnudarme. Mientras los dos tíos del fondo nos miraban, comenzaron también a besarse y a magrearse. Pensé que esos dos serían nuestros esta noche, pero mientras tanto yo estaba con mi precioso hermano. Me iba desvistiendo y le dije: — Facundino, ¿cómo has conseguido esa cintura tan estrecha? — No sé, hago mucho ejercicio y se me ha puesto así… — Tu abdomen es una auténtica joya con ocho diamantes duros, —le decía mientas lo tocaba. Me quedé desnudo y Facundino contemplaba primero mi delgadez, luego mi polla y acariciaba mi escroto y mis nalgas. — Hermano, te quiero, pero estás muy flaco; tu cara y tu polla, tus nalgas y el agujero que he tocado están preciosos, pero estás flaco. Te quiero y creo que debes comer algo más. — Yo lo pienso igual, pero el apetito parece que no. — Hermano, yo te quiero. — Yo también, Facundino, también ...