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El cliente del hotel
Fecha: 30/04/2022, Categorías: Confesiones Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... verme él me acompañe y sacie la sed de sexo que me ha provocado. Me estoy volviendo loca de lo caliente que me he puesto, solo me apetece tumbarme en la cama y masturbarme embriagada por su perfume, no quiero pensar en las consecuencias que eso pueda tener, me siento poseída. Me dejó llevar, me tiro sobre la cama y me cubro con las sábanas, me revuelvo entre ellas, me desabrocho la ropa, mis dedos se hunden en mi sexo, pellizco mis pezones, me muerdo el labio, cierro los ojos y mi mente lo trae ante mí, con su polla empalmada en la mano apuntando a mi cara. Mmmm De pronto, alguien tira de las sábanas y me encuentra así, es él, sorprendido de verme así, medio desnuda, pajeándome sobre su cama. La pregunta que sigue es obvia: -¿ Qué haces? Aunque la respuesta es evidente. Me estoy masturbando y no hay forma de fingir que hago otra cosa. Así que le explico lo que ha pasado apelando a su comprensión, esperando que, de algún modo se sienta halagado por haberme puesto tan cachonda y no reprenda mi comportamiento tan poco profesional. Me escucha entre perplejo y divertido, lo que permite que me relaje, y me dice que no me preocupe, que por su parte esto quedará entre nosotros. Aliviada y sin darme cuenta a tiempo de mi instintiva reacción, me cuelgo de su cuello en un abrazo de agradecimiento. Unos escasos segundos bastan para que, a pesar de darme cuenta de lo inapropiado de mi reacción (debería haberme compuesto, levantado y terminado de hacer la ...
... habitación), el olor que emana de su cuello me obnubile los sentidos y prolongue el abrazo unos deliciosamente largos segundos de más. Él me agarra la cintura delicadamente y me separa un poco, clava sus preciosos ojos en mí durante unos segundos y sus labios atraen los míos como una fuerza invisible que me obliga a hacer algo que deseo aún sabiendo que no debo. Nos fundimos en un apasionado beso, y nos dejamos llevar, nuestras lenguas se pelean para ver en que boca se quedan, sus fuertes y suaves manos recorren mi espalda, me desabrochan el sujetador y se deshacen de mi ropa. Las mías recorren sus fuertes hombros sobre la camisa, rodean su cuello y bajan por su pecho, desabotonando cada uno de los botones, dejando al descubierto cada vez más superficie de su bronceada piel. Sus manos se deslizan bajo la cintura de mis braguitas, rozando mis nalgas, agarrándolas. Restriego mis tetas contra su pecho, firme y duro como mis pezones. Mientras, mis manos abren la hebilla de su cinturón, estoy deseando volver a ver esa polla, me la imagino endureciéndose dentro de su cárcel de tela, deseosa de ser liberada. Le bajo el pantalón, el calzoncillo, y su enorme y lustrosa verga aparece ante mí como activada por un resorte, dura, caliente, es casi del tamaño de mi antebrazo, acerco mi cara hasta rozar sus huevos con mis labios, su mástil se apoya sobre mi cara, mi barbilla toca sus testículos y su glande está más allá de mi frente. Recorro su tronco con mi lengua, encharcada en ...